Archive for the ‘Psicoanalisis’ Category

“Google” por Jacques-Alain Miller

octubre 7, 2007

Jacques-Alain_Miller

 

Google es la araña en la Tela. Asegura una metafunción: la de saber donde está el saber. Dios no responde; Google, siempre, inmediatamente. Le dirigimos una señal sin sintaxis, con una parcimonia extrema; un clic, y …bingo! viene la catarata: el blanco ostentoso de la página se ennegrece súbitamente, el vacío se invierte en profusión, lo conciso en logorrea. Siempre que tiramos ganamos.

 

google - miller

Organizando la Enorme Cantidad, Google obedece a un tropismo totalitario, glotón y digestivo. De allí el proyecto de escanear a todos los libros; de allí los raids sobre todos los archivos: cine, televisión, prensa; más allá, el blanco lógico de la googleización, es el universo entero: Confíale tu desorden documentario y él pondrá cada cosa en su lugar – y a tí mismo además, que no será ya, y para la eternidad, más que la suma de tus clics. Google, “Big Brother?”Cómo no pensarlo? De allí la necesidad para él de plantear como axioma su bondad profunda. Es malo? Lo que es seguro, es que es necio. Si las respuestas abundan en la pantalla, es porque comprende de través. La señal inicial está hecha de palabras, y una palabra no tiene un solo sentido. Por lo tanto el sentido escapa a Google, que cifre, pero no descifra. Es la palabra en su materialidad estúpida lo que memoriza. Por lo tanto,siempre te toca a tí encontrar en el cúmulo de los resultados la aguja de aquello que produce sentido para tí.

 

miller

Google sería inteligente si pudiéramos coumputar las significaciones. Pero no podemos. Tal Sanson segado, como un ciego ,Google girará su rueda hasta el fin de los tiempos.

 

Jacques-Alain Miller

 

Traducción: Silvia Baudini

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Freud, sexo y amor

agosto 11, 2007

Por Marcos Aguinis

 

Cada tanto vuelve a encenderse la polémica alrededor de Sigmund Freud y esas dos resonantes palabras: “sexo” y “amor”. Puede admitirse que inauguraron el siglo XX como una chispa en forma de libro, que al principio tuvo escasa repercusión: La interpretación de los sueños. Aunque Freud ya había lanzado varias publicaciones, esa chispa fue la que puso en marcha una imparable revolución en el pensamiento, la ciencia y el arte. Freud era un médico de gran creatividad, culto, valiente e imaginativo. Aún prosigue generando desacuerdos. Sus discípulos no cesan de estudiar cada una de sus palabras con la obsesión de los orfebres que manipulan oro y diamantes. Los menos atrevidos se limitan a repetir frases que parecen gotas de una revelación divina; en cambio, los que de veras comulgan con su rigor científico, le buscan con microscopio las contradicciones, las fracturas o los conceptos que refutan ciertas evidencias que él no alcanzó a percibir.

 

Una de ellas es su tratamiento de un asunto tan enorme como el del amor. Nada menos. Evitó cerrarlo con una definición contundente, advertido de sus infinitos colores, complejidad y consecuencias.

 

Jacques Lacan, uno de sus continuadores, de culto en Francia y América latina, dijo que es imposible decir algo significativo sobre el amor, porque cuando se empieza a tratarlo, aparece la imbecilidad. No obstante, añadió: “Lo único que hacemos en el discurso analítico es hablar sobre el amor”. Freud mismo, ya en 1907, en una reunión de los miércoles –cenáculo en el que polemizaba con los primeros entusiastas de sus teorías–, afirmó: “Nuestros tratamientos son tratamientos por el amor”. ¿En qué quedamos, pues?

 

Más adelante, siendo ya célebre, un visitante le pidió que se refiriera a sus grandes maestros. Lo paseó por la abundante biblioteca que forraba las paredes de su departamento vienés y se detuvo frente a las obras de famosos literatos, no de científicos. Uno de ellos era Shakespeare, quien escribió sobre el amor en la mayoría de sus piezas. Esos autores lo habían inspirado y eran los precursores genuinos del psicoanálisis, aseguró. Todos hablaron sobre el amor y sus infinitas manifestaciones.

 

Aunque lo mantenía en la privacidad, Freud había sido un amante apasionado: lo evidencia la correspondencia que mantuvo durante años con su novia Martha. Al mismo tiempo, ejercitó una moral de hierro, tanto en el consultorio como en su vida, aunque se ha insistido –más con imaginación que con pruebas– en una relación amorosa fugaz con la hermana de Martha.

 

Su genio era el de un ser humano y, como todo ser humano, chocaba con sus limitaciones, porque jamás alguien puede vivir ajeno a su circunstancia, como enseñó Ortega y Gasset. Habitó en un tiempo encorsetado por la pacatería victoriana y los prejuicios de época que no lo dejaron desembarazarse por completo de arraigadas tradiciones machistas. Pese a los esfuerzos que hizo por horadar los secretos de la mente y develar misterios quemantes, no pudo romper con pareja eficacia todos los candados.

 

De ahí su extraordinario mérito.

 

Hoy resulta fácil abordar muchos temas que por entonces eran tabú. En la Viena de Freud la sola palabra “sexo” ya se teñía de escándalo cuando pretendía ser introducida en los engreídos templos de la academia. Tuvo el coraje de estudiarlo con la minucia de un entomólogo y usar términos potentes, sin rodeos, que la gente “de bien” ni siquiera balbuceaba en una reunión “seria”. Se introdujo en el laberinto del inconsciente con la broncínea espada de Teseo sin aferrarse al hilo de Ariadna. No había red bajo sus acrobacias inéditas. Advirtió, anotó y comunicó las íntimas relaciones de la sexualidad con el psiquismo y afirmó que ella ya reina desde la más tierna infancia. Sólo insinuarlo era un insulto a las buenas costumbres. Como si fuera poco, descubrió zonas erógenas en el bebe y notificó sobre las consecuencias que ciertos placeres o displaceres inaugurales operan en la mente del adulto. En otras palabras, sus observaciones sobre el devenir sexual y los conflictos que producen lo llevaron a concluir que la sexualidad desempeña un rol crucial, permanente e inevitable en el psiquismo.

 

Por esa razón, Freud tuvo que afrontar críticas ignorantes y maliciosas que lo señalaban como un obseso sexual y un perverso. Varios autores redujeron la fantástica suma de sus aportes a una sola palabra: pansexualidad. La jerarquía que otorgó a una función que pretendía ser negada encandiló tanto que no era difícil aplastarlo con semejante lápida, celebrada por sus detractores. Para defenderse, Freud se apoyó en el antiguo concepto helenístico de Eros, bien descripto por un sabio indiscutido como Platón en Symposium y en Fedro. Muchos se sintieron aliviados. Pero entrañaba un giro de consecuencias teóricas de corto y largo plazo. Lo explicó así en 1924: “Esta ampliación es doble. En primer lugar, la sexualidad es desasida de sus vínculos demasiado estrechos con los genitales y postulada como una función corporal más abarcadora, que aspira al placer, y que sólo secundariamente entra al servicio de la reproducción; en segundo lugar, se incluyen en Eros todas las mociones meramente tiernas o amistosas para las cuales el lenguaje usual emplea la multívoca palabra amor”.

 

Freud ya había tratado el “amor de transferencia”, que sucede durante el tratamiento psicoanalítico y genera tanto facilidades como resistencias en la cura. También había descripto el fenómeno del “enamoramiento”, que no es igual al amor, sino una especie de huracán que agita y se apodera del psiquismo. ¿Dónde quedaba el amor propiamente dicho, si ya no era sólo sexo genital ni enamoramiento ni amor de transferencia?

 

Para quienes no están familiarizados con su abundante cuerpo doctrinario puede resultar un galimatías la sucesión de debates en torno de palabras, definiciones y conceptos. Ricardo Moscone, entre nosotros, con un fino procesamiento de los textos originales de Freud, la literatura que los inspiró, la filosofía, la sociología y su propia práctica psicoanalítica, ha señalado con equilibrado espíritu crítico varias confusiones generadas por el mismo Freud –atenazado por su circunstancia–, al extremo de parecer enemigo de sus propias formulaciones originales. No entraré en detalles que abrumarían al público en general. Me limitaré a destacar el interesante desacuerdo de Moscone con asimilar el descubrimiento de la psicosexualidad humana con las referencias platónicas de Eros. Confunde también asimilar la sensualidad placentera del bebe con la sexualidad propia del adulto, por más que en el bebe haya elementos que son el germen, esbozo o precursores de la sexualidad adulta. Debería preservarse la especificidad del término “sexualidad” para el adulto, porque no quita la debida continuidad con las experiencias infantiles y se mantienen nítidas las diferencias. “Una semilla puede llegar a ser una planta –escribe Moscone–, pero es erróneo inferir que es lo mismo que una planta o, basándose en la posibilidad de que una semilla devenga planta, se llame planta o semilla ambas cosas”. Esto no significa negar la sexualidad infantil, sino reconocer su carácter inmaduro, sujeto a una evolución psicofísica.

 

Vuelvo a preguntar: ¿y dónde queda el amor?

 

Freud pareció responder a gran parte del asunto usando la palabra “libido” para designar la energía vinculada con el amor. La meta sería una unión sexual, es cierto, pero aclaraba con énfasis que existen importantes manifestaciones en las que no se realiza la unión sexual, como en el amor a uno mismo, la amistad, los sentimientos fraternales, el amor hacia la humanidad. Después, como hemos señalado, introdujo a Eros, cuya fuerza derivaría de la libido. Eros tiene la misión de conservar lo que vive e impulsar la existencia del universo y todas sus cualidades; pretende conformar unidades cada vez mayores, abrazar cuanto pueda y tratar de mantenerlo hermoso, joven y potente. En una de sus últimas obras reconoce que “Eros es la pulsión de amor”, la cual se opone a la pulsión tanática o de muerte. Son energías en tensión perpetua.

 

En la crítica de Moscone se objeta la expresión “pulsiones de meta inhibida”, para referirse a la atracción entre padres e hijos, la fraternidad, etcétera. La considera inadecuada porque el amor de los padres a los hijos, por ejemplo, no inhibe su verdadera meta, que es hacerlos crecer y madurar. El amor maternal y paternal es casto en su esencia: su meta no apunta a la unión sexual genital, sino al progreso del hijo. El incesto insinuado o consumado es patología. Concluye esta crítica con párrafos que –supongo– habrían agradado a Freud, de haber vivido hoy. Propone, entre otros conceptos, que el amor comprende capacidades y necesidades.

 

Entre las primeras están los sentimientos y conductas hacia la misma especie, que se originaron en la pulsión de vida, manifestada a su vez de dos formas: la conservación de uno mismo y la reproducción. La reproducción se lleva a cabo mediante dos comportamientos también distintos: la relación sexual y la crianza de los hijos. La relación sexual se enlaza “mucho, poquito o nada” con el amor. La crianza de los hijos, en cambio, se funda en el amor casto. De este último deriva una amplia gama de expresiones: amistad, caridad, solidaridad, altruismo, afecto y hasta pasión por los animales, la ciencia, los objetos, el arte, las abstracciones.

 

Las necesidades, por otra parte, son numerosas también. Junto a las potentes –y a menudo perturbadoras– necesidades sexuales, el ser humano requiere ser amado, pertenecer a un grupo y formar parte de la sociedad. Se cría en el seno de un entorno familiar que puede o no estar formado por sus progenitores, pero las vivencias que labra con ellos intervienen en la calidad de sus manifestaciones vinculadas a los sentimientos tiernos o los cargados de odio, las múltiples y variadas peripecias fraternas, el compañerismo, la actitud con los mayores y los ancianos o el establecimiento de organizaciones.

 

En síntesis, el amor, por un lado, es conservador porque se esmera en perpetuar la vida y todo aquello que la rodea; por el otro, es revolucionario porque no cesa de ensayar nuevos recursos, combinaciones y experiencias.

 

El amor excede las fronteras de la ciencia, por ahora. El genio de Freud hizo rodeos y ensayó ardides para atraparlo con palabras, pero el amor, sonriente, aún no se resignó a las rejas de una definición pétrea. Anda abrazado con la sexualidad, pero no es sólo sexualidad, aunque de ella se nutre. Sigue fascinando con el misterio de que la felicidad y la completud se producen cuando uno ama y es amado; cuando fluye el manantial de una poderosa emoción que incluye valoración intensa, respeto, interés, apego, deleite, ayuda y honda consideración por el ser amado.

 

La Nación

Slavoj Zizek. Premio Cristóbal Gabarrón de Pensamiento y Humanidades 2007

julio 10, 2007

Slavoj Zizek ha sido galardonado con el Premio Cristóbal Gabarrón de Pensamiento y Humanidades 2007 por la “originalidad de su obra” y por la “atención constante por las culturas de nuestro tiempo”.

La Fundación Cristóbal Gabarrón, constituida en 1992 para fomentar la ciencia, el arte y el pensamiento, falló en 2002 la primera edición de sus Premios Internacionales, instituidos entonces con motivo de su décimo aniversario y que pretenden reconocer trayectorias prestigiosas de personas que hayan aportado algo a la humanidad.

Zizek - Psikeba

 

El premio, que se falló hoy en Valladolid, recayó en Zizek por “originalidad y potencia intelectual de su obra que reúne la gran tradición filosófica occidental con una atención constante por las culturas de nuestro tiempo”, según consta en el acta del jurado que seleccionó a ZIzek tras estudiar 22 candidaturas pertenecientes a Cuba, Eslovenia, España, EE.UU., Francia e Inglaterra.

Slavoj Zizek – nacido en Liubliana, Eslovenia en 1949 – es considerado como uno de los pensadores más brillantes del mundo posmoderno, y ha sido investigador en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Liubliana (Eslovenia).

 

 

Zizek y el psicoanálisis de orientación lacaniana

Rosa Aksenchuk (compiladora)

 

1. La teoría lacaniana como la principal orientación filosófica de la Escuela EslovenaComo explica Ernesto Laclau[1] . La recepcion que se ha dado a Lacan varía de un país a otro. En Francia, y en los países latinos en general, aún cuando el impacto cultural de la teoría lacaniana se extendió rápidamente a esferas tan amplias como la literatura, la filosofía o el arte, la influencia de Lacan ha sido primordialmente clínica, o sea, vinculada estrechamente con la práctica psicoanalítica. En los países anglosajones, este carácter central del aspecto clínico ha estado ausente en gran medida y la influencia de Lacan ha virado casi exclusivamente en torno a la tríada literatura-cine-feminismo .

A estas distinciones se suma una diferenciación en función de las diversas interpretaciones de la obra lacaniana, además de una serie de intentos de articulación con otras perspectivas filosóficas. En cuanto a la interpretación, se puede distinguir la oposición existente entre las diferentes generaciones lacanianas en Francia. Por un lado, la primera generación de lacanianos hace hincapié en los problemas clínicos y el rol decisivo que desempeña lo Simbólico en el proceso psicoanalítico. Por el otro, la generación más joven liderada por Jacques-Alain Miller, ha tratado de formalizar la teoría lacaniana, señalando las distinciones entre las diferentes etapas de su enseñanza y acentuando la importancia teórica de su última etapa, en la que lo Real ocupa un papel primordial como aquello que resiste a la simbolización.

Dentro de este marco de referencias, la teoría lacaniana es la principal orientación filosófica en Eslovenia. Esta escuela destaca por su originalidad, en especial por dos rasgos primordiales.

Uno de los rasgos que caracteriza a la escuela eslovena es el uso de las categorías lacanianas en el análisis de los textos filosóficos clásicos, sobre todo los de Hegel. El otro se basa en su insistencia en el campo ideológico-político: su descripción y teorización de los mecanismos fundamentales de la ideología (la identificación, el papel del significante amo, la fantasía ideológica); sus intentos por definir la especificidad del “totalitarismo” y sus diferentes variantes (stalinismo, fascismo) y esbozar las principales cracterísticas de las luchas democráticas readicales en las sociedades de Europa del Este. El point de capiton se constituye en un operador ideológico fundamental; como así también las nociones de fantasía y de identificación. La jouissance (goce) les permite entender la lógica de la exclusión que opera en discursos como el racismo.

No cabe duda alguna acerca de la riqueza y profundidad que ofrece la interpretación de Hegel que hace la Escuela de Eslovenia. Su especial combinación de hegelianismo y de teoría lacaniana representa en la actualidad uno de los proyectos teóricos más innovadores y prometedores en el panorama intelectual europeo.

 

2. Zizek lector de Lacan. Aportaciones [2]

El Paralaje
Ante el “No hay”, la invención de nuevos conectadores. Preguntas que producen un espacio de problemas. Cambiar de sitio, mudarse. La Paralaje [3] , Desplazamientos, que reproducen y señalan el antagonismo básico en el objeto.

Lo Real lacaniano es inherente a lo Simbólico
Lo Real como externo es la excepción que fundamenta la universalidad, mientras que lo Real lacaniano es inherente a lo Simbólico, es el punto de fracaso elusivo y totalmente inherente, no sustancial, por el cual lo Simbólico es para siempre “no-todo”. Dicho de otra manera, no hay Gran Otro.

Acto
Hay actos verdaderos y falsos. La experiencia analítica produce un salto de lo singular a lo universal sin pasar por lo particular. ¿Cómo reafirmar en el terreno político la dimensión adecuada del acto?

Las paradojas
La fecundidad de las paradojas. Las cosas no son así. Son así y de otra manera.

La desidentificación
Mantener una distancia con la propia identidad simbólica.

Lo universal
Mantener la noción paradójica de lo universal como simultáneamente imposible y necesaria.

El sujeto
No es que el sujeto esté limitado: el límite mismo es el nombre del sujeto.

Responsabilidad subjetiva
La posición de verdadera autonomía del sujeto no es “soy responsable de todo” sino más bien “no hay nada de lo cual no sea responsable”. Cuyo equivalente es “no soy responsable de todo” precisamente porque no puedo tener una visión global de Todo, no hay nada por lo cual pueda exceptuarme de mi responsabilidad.

La contemporaneidad
Con su amigo Badiou ponen en cuestión lo actual: La realización del mundo como mercado global, el reino indiviso de grandes grupos financieros, etc son una realidad indiscutible y que se ajusta esencialmente, al análisis de Marx ¿Dónde encaja la política en todo esto? ¿Qué clase de política es realmente heterogénea de lo que demanda el capital?

Una nueva universalidad política
Zizek responde: La única perspectiva realista es fundar una nueva universalidad política, que ingrese al goce como categoría. Optando por lo Imposible, asumiendo plenamente el lugar de la excepción, sin tabúes, sin normas a priori “derechos humanos”, “democracia” cuyo respeto nos impediría también resignificar el terror, el ejercicio implacable del poder, el espíritu de sacrificio.

Notas:

[1] Laclau, Ernesto. Prefacio al libro “El sublime objeto de la ideología” de Slavoj Zizek. Siglo XXI Edit., Argentina. , p 11

[2] Texto basado en: Lo que el psicoanálisis de la Orientación lacaniana le eneseñó a Slavoj Zizek,El Padre entre psicoanálisis y filosofía. IC, Instituto Clínico de Buenos Aires. Gramma Ediciones, 2006, pp 117-118 Autora: Lucia Blanco. DISPAR 6, Publicación de Psicoanálisis.

[3]El desplazamiento aparente de un objeto, cuando es visto desde dos puntos diferentes que no están alineados on el objeto. Para mayor información ver el prólogo de Analía Hounie al libro de Slavoj Zizek, Violencia en Acto, Editorial Paidós.

 

Slavoj Zizek en Psikeba

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http://www.psikeba.com.ar/recursos/autores/zizek.htm

 

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Entrevista a Slavoj Zizek “Occidente practica una tolerancia virtual”

junio 7, 2007

Conciliar la cultura de masas con el psicoanálisis y el ciberespacio con el materialismo ha convertido al esloveno Slavoj Zizek en un mito de la filosofía actual. Ha sido profesor en La Sorbona y Harvard y vive entre Liubliana, Buenos Aires y “los aviones” que le llevan de auditorio en auditorio. Fue candidato a la presidencia de su país y publica un libro al año, sobre el 11-S, la guerra de Irak, Lacan o David Lynch. Ha pasado por España para hablar sobre la inmigración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Slavoj Zizek es un provocador nato, pero él se define como “un intelectual clásico”. “En el fondo, soy lo contrario de esos chicos malos del instituto, aquellos que dentro del libro de filosofía escondían una revista porno”, afirma. “Yo soy al revés. Dentro de las revistas porno escondo la filosofía. Disfruto con Hegel y finjo que disfruto con Hollywood. Son mis colegas los que disfrutan con Hollywood y fingen que lo hacen con Hegel”. Este pensador esloveno no para de moverse y hablar. La conversación comienza en su hotel, sigue en un taxi, pasa por tres ventanillas de facturación del aeropuerto de Barajas, se prolonga en la sala de espera y termina en el control de seguridad.

 

Nació en Liubliana (Eslovenia) en 1949 y allí vive un tercio del año. Otro más reside en Buenos Aires (su mujer es argentina) y el tercero lo hace “en aviones”. Venía de Moscú vía Praga y se marchaba a Santiago de Compostela para, al día siguiente, viajar a Francfort y Los Ángeles. Ha sido profesor en La Sorbona y en Harvard, pero quiere dejar las clases. En Eslovenia tiene el mejor trabajo del mundo: “No hacer nada”, es decir, investigar para el Instituto de Estudios Sociales. Junto a Hegel y a Lacan, tiene a Marx entre sus referentes, pero el Gobierno comunista de Yugoslavia lo consideró poco ortodoxo para confiarle la formación de los jóvenes y lo apartó de las clases: “Además no creo en el diálogo filosófico. La filosofía siempre ha sido dogmática. En todo caso es un malentendido. Aristóteles malinterpretó a Platón, Marx a Hegel y Hegel a Kant. ¿Platón? Los de Platón son los diálogos más falsos de todos. Consisten en alguien que habla y otro que a cada rato dice: ’Por Zeus, estás es lo cierto”.

 

Con un inglés cortado a motosierra pero imparable, Zizek pasó por Madrid para dictar una conferencia en el Círculo de Bellas Artes dentro de un ciclo sobre la inmigración. En la sala no cabía un alma. Había gente de pie y gente sentada en el suelo. ¿El título de su charla? Teme a tu prójimo como a ti mismo. En el taxi matiza: “No es un consejo, es una descripción de la ideología dominante. Hay dos palabras fetiche: tolerancia y agresión. ¿Pero qué significan en realidad? Agresión significa aproximarse demasiado. Por eso Occidente ejerce la tolerancia a distancia, virtualmente. Somos solidarios con los africanos en África, no con los de nuestro barrio”.

 

Para Zizek, el ejemplo máximo de esa ideología es EE UU. Allí, dice, todo puede ser una agresión: “Tocar a alguien, mirarlo demasiado… Igual que queremos pasteles sin azúcar queremos a un prójimo descafeinado. En California la gran moda es un invento llamado Mastubatón: 400 personas se masturban en un lugar público, pero no tienen derecho a tocarse. La entrada cuesta 20 dólares y, por supuesto, el dinero se destina a una obra de caridad. Esa lógica masturbatoria es la que rige hoy las relaciones sociales. Vivimos en un solipsismo colectivo. Eso es también Internet: todos conectados pero todos aislados”.

 

En las entrañas del ordenador que lleva al hombro, Zizek carga el ensayo que acaba de terminar, sobre la violencia, y el que acaba de empezar, que, adelanta, empieza con Heidegger y termina con El Código Da Vinci. Así es Zizek. Afirma que va a dejarlo todo para consagrarse a escribir sobre el idealismo alemán, pero se le iluminan los ojos hablando de Stalin Subway, un juego con el que pasa las horas junto a su hijo de cinco años: “Los juegos de ordenador requieren una concentración y un orden que te permita inventar un país y mantenerlo en pie”. Zizek siempre va un libro por delante de sus editores, que en España son media docena. Autor de títulos como Lacrimae rerum (sobre cine), Bienvenidos al desierto de lo real (sobre el 11-S) o La tetera prestada (sobre Irak), dice no tener recetas: “Mi propuesta es: tomémonos el tiempo de pensar por qué hemos llegado aquí y quién nos ha traído. No nos dejemos atrapar en la trampa humanitaria, que es otra de las grandes ideologías de hoy. La caridad es ahora parte del capitalismo global y sus figuras principales son George Soros y Bill Gates. Su lógica es: te quito todo el dinero y luego te doy las vueltas. En esto sigo siendo marxista, pero lo que me interesa de Marx no es la lucha de clases, sino la lucidez con que señala las contradicciones del capitalismo”. Mientras salta de un tema a otro, Zizek insiste en definirse como un modesto pesimista: “Sólo digo: mantengamos la mente abierta, no aceptemos las fórmulas. Merecemos algo más que un capitalismo con rostro humano”.

 

Cuando se le pregunta por la alianza de civilizaciones, el filósofo, que en 1990 fue candidato a la presidencia de Eslovenia, reconoce que es la primera vez que oye hablar de ella: “Zapatero es hoy el gran representante de la tercera vía. Y más simpático que Blair, pero él también ha levantado un muro en Marruecos. ¿Alianza? Suena a vacío: celebremos nuestras diferencias, subrayemos los valores que nos unen, bla, bla, bla. La política consiste en actuar, no en plantear teorías bienintencionadas. A veces los hechos consumados crean las condiciones que los hacen posibles. Si esperas a que esas condiciones existan, nunca harás nada. Es lo que hizo el propio Zapatero al sacar a las tropas de Irak o al decretar la igualdad entre hombres y mujeres en su Gobierno”. Para Zizek, la única alianza posible es una “entre los disidentes del liberalismo y los disidentes del Islam”.

 

Azote de Bush con sus artículos en The New York Times, el filósofo afirma que la gran catástrofe de los países árabes es el declive de la izquierda laica. “El panarabismo de los años cincuenta era un movimiento laico. Hoy prácticamente han desaparecido los laicos del mundo árabe, en buena parte porque EE UU se alió con los islamistas para acabar con los demócratas, en los que veía un nido de comunistas. Los agentes de la CIA de ayer son los terroristas de hoy. Ahora sucede lo contrario. Para la izquierda europea, los laicos árabes antiislamistas son agentes americanos”.

 

“Hablo demasiado, ¿no?”. Con un ojo en el reloj del aeropuerto, pregunta por El laberinto del fauno y cuenta que coincidió en un estreno con Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu: “Con Del Toro congenié al momento. A los otros dos no les bastaba con ser directores de cine, además querían ser intelectuales. Me pasó lo mismo con los Wachowski”, concluye refiriéndose a los directores de Matrix, una película a la que dedicó Las dos caras de la perversión, su segundo ensayo más famoso. El primero es El arte del ridículo sublime, consagrado a David Lynch: “No me interesa la gente que está fuera del sistema, sino los marginales que todavía trabajan dentro. El gran ejemplo era Robert Altman”. A Lynch no lo conoce personalmente: “Estuve a punto. Había leído mi libro y no había entendido nada, pero le intrigó. Quería conocerme. Incluso alguien quiso que hiciéramos una película con una conversación entre nosotros. No creo que hubiera funcionado. Sus entrevistas están llenas de clichés y yo no creo en el diálogo. Al final no quise conocerlo para que me decepcionara. Es un genio. Eso sí, está loco”.

J. Rodríguez Marcos (El Pais) / | 23-03-2007 | Cultura