Archive for the ‘Jean Baudrillard’ Category

La vida: principio y fin

agosto 2, 2007

Jean Baudrillard © Psikeba 2007

Jean Baudrillard © Psikeba 2007

Baudrillard; Narcisismo y regimen de mortandad en el Sistema de los objetos – Adolfo Vasquez Rocca
Jean Baudrillard © Psikeba 2007

Jean Baudrillard © Psikeba 2007

Baudrillard; Narcisismo y regimen de mortandad en el Sistema de los objetos – Adolfo Vasquez Rocca
Jean Baudrillard © Psikeba 2007

Jean Baudrillard © Psikeba 2007

Baudrillard; Narcisismo y regimen de mortandad en el Sistema de los objetos – Adolfo Vasquez Rocca
Jean Baudrillard © Psikeba 2007

Jean Baudrillard © Psikeba 2007

Baudrillard; Narcisismo y regimen de mortandad en el Sistema de los objetos – Adolfo Vasquez Rocca
Jean Baudrillard © Psikeba 2007

Jean Baudrillard © Psikeba 2007

Jean Baudrillard © Psikeba 2007

La vida: principio y fin

por Jean Meyer
22 de julio de 2007

El principio y el final de la vida están en discusión cuando hablamos del aborto y de la eutanasia. Inútil subrayar la importancia de los dos temas gemelos y por lo mismo debemos pedirles a nuestros políticos no apropiárselos. Debemos pensar, estudiar, escuchar todos los puntos de vista, sabemos que la razón racional y razonante no anda sola, sino acompañada por pasiones, miedos, convicciones, emociones respetables. La radicalización de las últimas semanas no nos ayuda para nada.

Defensores e impugnadores del derecho al aborto hoy, a la eutanasia mañana, afirman que no se van a dejar y que sus adversarios son inmorales y crueles, hipócritas y reaccionarios, genocidas o fascistas. Como si no fuese suficiente, algunos intentan resucitar el conflicto religioso. Primero tenemos que “dejar los cuchillos en los vestidores”, como dijo alguna vez el general De Gaulle, para escuchar a la otra parte antes de discutir de manera civilizada problemas que son de fondo.

Hace muchos años, más de 40, leí un texto de Jean Rostand, eminente biólogo francés, para nada cristiano, más bien panteísta; un hombre admirable. Decía: “Creo que no existe ninguna vida tan deteriorada que no mereciera respeto y no fuera digna de defenderse con pasión y convicción. Creo que se sentaría un terrible precedente si se permitiera acabar con una vida, por estimarla no digna de preservarse, ya que la noción de valor biológico, aunque al principio se haya cuidadosamente definido, no tardaría en convertirse en otra ambigua e imprecisa. Después de eliminar lo que no es suficientemente humano, a la postre nada se perdonaría, excepto lo que encajara en un concepto ideal de humanidad. Tengo la debilidad de creer que es una honra darse el costoso lujo de mantener la vida de los miembros inútiles, incompetentes e incurables de la sociedad”.

Ciertamente Jean Rostand estaba todavía bajo el impacto de las políticas recientes de la eugenesia nazi; apenas 10 años habían pasado. A fines de los años 1980 el doctor Theo Hupfauer, ex director de un colegio nazi de élite que propugnaba la “salud hereditaria”, reflexionaba así: “En principio no me opongo a la eutanasia, usted ve que el mundo entero ahora avanza lentamente en esa dirección. La cuestión es únicamente cómo y en qué medida. ¿Realmente hay tanta diferencia entre los tests del embarazo temprano realizados por rutina con la idea de suspender el proceso si el feto es anormal, por no hablar del número de abortos que ahora se practican por toda clase de razones, y lo que se hizo aquí hace 40 años?”.

Gitta Sereny, la entrevistadora, comenta: “Cuando hablaba conmigo, disponiendo de argumentos cada vez más amplios que apoyaban algún tipo de eutanasia legalizada, pensaba que el mundo estaba poniéndose a la altura de las ideas de Hitler” (en su libro Albert Speer, páginas 234-235).

Max Frisch escribe en su diario (1966-1971) que “si regulamos la entrada en la vida, ha llegado el momento de que regulemos también la salida”. Nos encontramos precisamente en este momento, el momento de la huida ante la muerte y la muerte como huida. El sexo se ha liberado de la reproducción con la píldora y otros métodos y, más recientemente, la reproducción se ha liberado del sexo, con todos los recursos de la procreación artificial y asistida. Maravillas de la ciencia y de la tecnología que sirven tanto para bien como para mal. No contentos de ejercer nuestra violencia sobre la naturaleza, los animales, el medio ambiente, sobre los otros hombres mediante la guerra y la política, ahora somos capaces de violentar a nuestra especie con la biotécnica y todos los comités de bioética no nos han ayudado mucho a enfrentar lo que parece seguir el guión del aprendiz de brujo o del Doctor Faustus.

Jean Baudrillard, para nada sospechoso de moralismo católico, decía que se encontraba también un poco aterrorizado y que “no bastan los comités de ética que llevan el asunto a una moral convencional. Desde la perspectiva en que se colocan, el problema es insoluble y no pueden más que tapar los hoyos”.

Elías Canetti afirmó que, más allá de un cierto punto en la historia de la humanidad, llega un momento en que se vuelve imposible distinguir lo verdadero de lo falso. ¿No habremos llegado a tal momento en nuestro México? ¿Sabemos todavía determinar lo que es humano o no, lo que es bueno y lo que es malo? ¿No nos encontramos a punto de dar un brinco que sacrificará la definición de lo humano y nos lanzará a una carrera peligrosa, en un círculo vicioso ya explorado por la eugenesia de los años 30?

La reacción de todas las religiones representadas en nuestro país ha sido clásica: rechazo al aborto y a la eutanasia. En Francia, en el marco de la última campaña presidencial, los responsables religiosos judíos, cristianos y musulmanes han reiterado su oposición al aborto y a la eutanasia, reconociendo sin embargo, en algunos casos, la legitimidad de recurrir a dichas medidas. Lo cual nos lleva a sugerir que el asunto es demasiado grave para que pueda ser resuelto por una ley, por unos reglamentos, y que debería ser tratado mediante la casuística, es decir caso por caso. Cada persona es un mundo, un universo, un caso único; aplicarle automáticamente un reglamento, cualquier sea, no es la solución.

Por lo pronto es urgente un verdadero debate de buena fe, no politizado, y libre de las presiones de los diferentes lobbies que presionan a favor o en contra del aborto hoy, de la eutanasia mañana, de la eugenesia hoy, mañana y pasado. La práctica de los diagnósticos prenatales que lleva en China y en la India a la erradicación de las niñas en el vientre de su madre, por la preferencia social para el niño varón, no amenaza nuestra sociedad mexicana, pero bien podría despertar la tentación de un eugenismo no menos erradicador. A buen entendedor, pocas palabras.

jean.meyer@cide.edu

Profesor investigador del CIDE

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/38142.html

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