Archive for the ‘Filósofos_Contemporáneos’ Category

“Es tiempo de precariedad”. Entrevista a Zygmunt Bauman

mayo 31, 2008
Acuñador de una feliz metáfora sobre la contemporaneidad, la “modernidad líquida”, Zygmunt Bauman aparece hoy como uno de los más lúcidos pensadores de un presente convulso. Una entrevista y el análisis de su obra nos acercan al pensamiento de este sociólogo de origen polaco, un defensor de la esperanza frente al optimismo.
Entrevista a Zygmunt Bauman
Daniel Gamper
Zygmunt Bauman (1925) nació en Polonia en una humilde familia judía con la que emigró a la Unión Soviética tras la ocupación nazi. Tras su paso por el ejército polaco en el frente ruso, fue profesor en la Universidad de Varsovia hasta que con motivo de una campaña antisemita emigró al Reino Unido en donde aún vive. Bauman no es un divulgador de la sociología, pero sus contribuciones a esta disciplina están caracterizadas por un afán ensayístico que no está reñido con el rigor. Autor de “Modernidad y holocausto”, su obra fue estudiada sobre todo en círculos académicos, y no ha sido hasta la década de los noventa que ha pasado a ser conocido y reconocido por un público más amplio a propósito de libros como “Modernidad líquida”, “Globalización”, “Trabajo, consumismo y nuevos pobres”.Bauman no ofrece teorías o sistemas definitivos, se conforma con describir nuestras contradicciones, las tensiones no sólo sociales sino también existenciales que se generan cuando los humanos nos relacionamos, es decir, la vida misma.





Usted afirma que nuestra época es la de lo líquido, que vivimos en la modernidad líquida. ¿Por qué?Durante mucho tiempo intenté captar los rasgos característicos de esta época y ahí surgió el concepto de lo líquido. Es un concepto positivo, no negativo. Como dice la enciclopedia, lo fluido es una sustancia que no puede mantener su forma a lo largo del tiempo. Y ese es el rasgo de la modernidad entendida como la modernización obsesiva y compulsiva. Una modernidad sin modernización es como un río que no fluye. Lo que llamo la modernidad sólida, ya desaparecida, mantenía la ilusión de que este cambio modernizador acarrearía una solución permanente, estable y definitiva de los problemas, la ausencia de cambios. Hay que entender el cambio como el paso de un estado imperfecto a uno perfecto, y el estado perfecto se define desde el Renacimiento como la situación en que cualquier cambio sólo puede ser para peor. Así, la modernización en la modernidad sólida transcurría con la finalidad de lograr un estadio en el que fuera prescindible cualquier modernización ulterior. Pero en la modernidad líquida seguimos modernizando, aunque todo lo hacemos hasta nuevo aviso. Ya no existe la idea de una sociedad perfecta en la que no sea necesario mantener una atención y reforma constantes. Nos limitamos a resolver un problema acuciante del momento, pero no creemos que con ello desaparezcan los futuros problemas. Cualquier gestión de una crisis crea nuevos momentos críticos, y así en un proceso sin fin. En pocas palabras: la modernidad sólida fundía los sólidos para moldearlos de nuevo y así crear sólidos mejores, mientras que ahora fundimos sin solidificar después.

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(De)generación digital

octubre 2, 2007

(De)generación digital

por Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste, publicado en el Suplemento ABC de las Artes y las Letras.

 

degeneracion digital - psikeba

 

Se tiende a comprender el tiempo de la sociedad de la información como el de la frivolización de las ideas. La pátina de lo tecnológico y la aceleración de los procesos de comunicación han promovido la equiparación de la generación de pensamiento a la de la producción de información. Así, se vive en una especie de permanente estado de reality show, en el que lo más importante son las estrategias para situarse en primera línea, aunque se carezca de valía que justifique el protagonismo. El fenómeno es pandémico, y, en el campo de la arquitectura, comprobamos cómo se transmiten sin pudor ideas que se aceptan sin discutir, cómo falsos gurús lanzan espectacularmente sus consignas y cómo desorientados ejércitos mediáticos difunden y magnifican esos postulados irreflexivamente.

 

Apuntaba Peter Sloterdijk en su Crítica de la razón cínica (Siruela, 2003) que, para poder entender las estructuras de la conciencia de la modernidad, se hace precisa una teoría del bluff, del show de la seducción y el engaño. Aun careciendo de esa potencial teoría, esos tres términos designan con total precisión la esencia de una actitud prepotente que se arroga a sí misma el atributo de estar construyendo las visiones de la arquitectura de la era de la tecnología digital.

Estrepitoso fracaso. La primera generación de arquitectos que asumió como propias las posibilidades de los procesos de creación digital fracasó estrepitosamente ante la imposibilidad de haber hecho de los modelos diseñados a través de sus ordenadores edificios que sintetizaran coherentemente los argumentos de sus discursos sobre la tecnología digital. Al margen de sus teorías conceptuales, subordinaron sus posibilidades creativas al poder de las máquinas de cálculo, sin asumir como principio que eran ellos quienes deberían controlar el desarrollo de esos diseños. Propuestas como la Terminal Portuaria de Yokohama (FOA) o la Iglesia Presbiteriana de Nueva York (Greg Lynn) probaron que complejos gráficos y una recargada dialéctica sobre diagramas de flujos o procesos culminaban en un mero formalismo. Estas propuestas fueron fagocitadas por la falta de cultura arquitectónica de sus autores y su mayor preocupación por usar las herramientas de difusión que estaban implícitas en la nueva sociedad, sin percibir que dejaban de lado la necesidad de una formación sólida que les permitiera materializar sus propuestas. La transición de esa primera generación ?que en contadas ocasiones pudo evitar el fracaso en sus propuestas? se concreta hoy con la irrupción de una segunda generación integrada por individuos que crecieron más cercanos a la cultura de lo digital y la hiperinformación, que han hecho de sus herramientas fundamentos indispensables para el diseño, y cuyas primeras ideas arrancan de raíz la hipotética esperanza en que un mayor conocimiento de los medios digitales podría orientar sólidamente una evolución de la arquitectura a través de las herramientas digitales.

De la seducción al feísmo. Las imágenes seductoras que se produjeron en la segunda mitad de los años 90 han evolucionado hoy hacia una sobrecarga propositiva tendiente al feísmo: ejemplos como la esperpéntica Vila Nurbs (Cloud 9), esteticismo creado con el pretexto de una aplicación integral de la tecnología; o Kloverkarreen (BIG), paradigma de soluciones facilistas, parecen haber comprado el paradigma gaudiano en el supermercado a precio barato; productos de la arrogancia de arquitectos más preocupados por demostrar que por pensar, que han ignorado las lecciones con las que podría formularse una nueva arquitectura al rehuir el conocimiento de la Historia, persuadidos de que la naturaleza de la cultura digital y la velocidad de los cambios abre la veda para su incultura arquitectónica.

kloverkarreen

Modelos vanidosos. Arquitectos que creen estar en posesión de una especie de superpoder -y se sienten autorizados para afrontar cualquier desafío- a los que interesa más la cantidad que la calidad de su trabajo. Su paradoja radica en creerse referentes capaces de proponer una arquitectura para su tiempo, cuando lo que en realidad han hecho es convertir en prioridad el ejercer de frívolos seductores, calcando los vanidosos modelos de los actores del star-system, cínico e ideológicamente inútil tras haberse anquilosado en sus propias estrategias de mercadotecnia. Toman y quieren adaptar la realidad sin comprenderla, diseñando modelos complejos facilitados por el avance de la tecnología, pero que adolecen de cualquier sentido del compromiso. Arquitectura de adolescentes idealizándose a sí mismos, que no perciben la distinción esencial entre qué es la experimentación, qué es reflexión y qué es la realidad. Estas manifestaciones son recibidas en los foros arquitectónicos con vanos elogios fascinados, pero también -y más preocupantemente- con un absoluto silencio crítico que las cuestione y exija explicaciones claras sobre sus fundamentos. Los medios simplemente parecen auspiciar el mensaje de que es ésta la forma que orienta la evolución de la arquitectura de hoy. Si la modernidad llamaba al constreñimiento, la era digital ha auspiciado la exacerbación formal; pero no porque se crea que ella conduce a alguna parte, sino porque la tecnología hace fácilmente posible su representación. Feísmo basado en la recreación de formas orgánicas, experimentaciones tintadas de ecologismo de salón que quieren reinventar las posibilidades reactivas de la materia, pretendidos virtuosismos formales…

El sistema decidirá. La laxitud ideológica fomenta la permanencia de este cómodo estado de ambigüedad de legitimación del capricho: «El sistema decidirá cuáles de nuestras ideas podrán sobrevivir o no». Refugiarse en la «inocencia crítica» para argumentar el desinterés por lo precedente y permitirse quebrar la línea de enlace con concepciones verdaderamente radicales para el avance de la arquitectura. Visionarios opinando sobre los «futuros» de la arquitectura y sobre los remotos lugares donde «verdaderamente» se está produciendo la arquitectura del siglo XXI. Escritos confusos con parafernalia retórica: neologismos importados del lenguaje digital que apenas sabemos con precisión qué significan cuando se aplican a los efectos del mundo material.

El tiempo todo lo limpia, y muchos de estos personajes se barrerán a sí mismos. En unos años, nadie recordará a estos arquitectos -como tantas veces ha sucedido-, pero no se recuperará el tiempo perdido ni se acallarán las voces conservadoras que desvalorizan la trascendencia de la tecnología digital como herramienta de pensamiento y creación arquitectónica. Estas especulaciones, que únicamente tienen uso como medios de promoción mediática de un nombre, deberían haber sido concebidas como elementos de experimentación útiles para desarrollar la musculatura del pensamiento contemporáneo, para reconocer y perfilar la esencia del tiempo que aguarda aún la concreción de su arquitectura, y que se produce verdaderamente, pero situada en el distante margen de los cauces arquitectónicos nutridos por el bluff, la seducción y el engaño.

Fte.: http://www.arqa.com/informacion.cfm/n.7952.s.10,42.cfm

 

MEXICO: Anatomía de una tentación

septiembre 2, 2007

MEXICO: Anatomía de una tentación.

José María Pérez Gay.

¿Podemos hablar de una norteamericanización de la modernidad? En El Espacio Interior de la Globalización del Capital (Im Weltinnenraum des Kapitals. Suhrkamp Verlag, 2006), Peter Sloterdijk escribió: “En nuestros días ya nadie pone en duda que el capitalismo mundial –aunque tenga un carácter policéntrico– haya elegido ciertos lugares, países y poblaciones. Estados Unidos de Norteamérica se cuenta no sólo entre sus regiones favoritas, sino también ha llegado a ser su domicilio principal. Estados Unidos es el país del mundo moderno que ha constituido –más que ningún otro– un gran espacio de riqueza y prosperidad, representante incuestionable de los procesos de modernización. Aquí se ha construido el palacio de cristal de la nación que recibe a las grandes migraciones”. Así las cosas, podemos afirmar también que –siguiendo la misma argumentación– la mayoría de los habitantes de Estados Unidos tenía no hace mucho tiempo la convicción de sentirse no sólo los agentes de un sistema económico, sino también los portadores de un entusiasmo cuyo nombre irresistible se conoce como The American Dream. La mejor interpretación de ese sueño –que también se llama American Creed– la hizo en su tiempo el escritor Israel Zangwill (1864–1926), autor de la metáfora del Melting Pot, como ha señalado Arthur Schlesinger junior.

Quizá este sueño tuvo en su tiempo tantas definiciones como ciudadanos tenía por ese entonces Estados Unidos. A diferencia de las muchas Letargocracias en el resto del mundo, Estados Unidos era la nación donde cualquiera podía hacer algo nuevo, si quería hacer algo nuevo. De acuerdo con los derechos constitucionales de sus ciudadanos, está presente la expectativa de hallar nuevos espacios que permitieran su ocupación y transformación. Quizá ésta expectativa se llame el “derecho a Occidente” en un sentido no sólo geográfico, ya que Occidente es el símbolo del derecho de pernada sobre la tierra, de las conquistas en territorios desconocidos. Hace unos 150 años se llamaban Oklahoma o California y, en nuestros días, se llaman Irak o la investigación genética, la nanotecnología, la colonización de Marte o la vida artificial.

Los nativos americanos fueron, sin duda, las primeras víctimas, los primeros iraquíes de su historia. La propuesta de John Cadwell Calhoun se convirtió en un principio de la política nacional: el traslado de todos los indígenas al oeste de Mississippi, a los territorios convertidos en reservaciones permanentes. Los iroqueses, cheroquies, wampaanoags, delawares, tuscaroras, narragansetts, yamasíes, senecas, siouxs, hurones, apalaches, susquehannas, todas estas etnias desaparecieron en cruentas batallas, exterminados por la furia de los pioneros o vivieron acosadas por las enfermedades en los guetos llamados reservaciones federales. A partir de 1840, las tierras al oeste de Mississippi fueron arrasadas por traficantes, mineros, jefes militares, granjeros y ferroviarios, quienes lograron persuadir a las autoridades y se repartieron las tierras. Theodore Roosevelt (1858–1919) escribió: “la justicia se encontraba en el grupo de los pioneros, porque este gran continente no habría existido sólo como un gran coto de caza de escuálidos salvajes”. Personajes de la historia estadunidense tan eminentes como John Wintroph, John Adams, Lewis Cass, John Caldwell Calhoun y Thomas Hart Benton afirmaron que una raza primitiva y nómada debía permitir el paso a una civilización cristiana y agricultora. Sus justificaciones las encontraron en innumerables citas bíblicas que, según ellos, demostraban que el pueblo blanco tenía el derecho de pernada sobre la tierra, porque procedía “de acuerdo a las intenciones de Dios todo poderoso”.

De acuerdo con las investigaciones del antropólogo Henry F. Dobyns (Estimating Aboriginal Indian Population, An Appraisal of Techniques with a New Hemisphere Estimate, Current Anthropology, 7. New York, 1966), antes de que los europeos llegaran a Norteamérica los nativos americanos sumaban más de 90 millones de habitantes. La conclusión final a la que llega Dobyns es la siguiente: antes de la llegada de los colonos europeos, el nuevo mundo estaba poblado por unos 90 millones de seres humanos. Una cantidad igual o parecida a la del viejo mundo. Si los cálculos de Dobyns son razonables –y han sido cuidadosamente consideradas por expertos calificados–, hablamos de uno de los exterminios más impresionantes de la historia.

Cuando los nativos americanos empezaron a tener contacto con granjeros, cazadores, pescadores, exploradores y colonos europeos, sucumbieron a la oleada de virulentas epidemias de los siglos XVI y XVII. La viruela, el tifus, la peste bubónica, la gripe, el sarampión, la malaria, la fiebre amarilla diezmaron a millones de seres humanos a lo largo de dos siglos, como sucedió al parecer en menores proporciones durante la conquista de México.

Por ejemplo, la viruela era sin duda la peor, porque en ocasiones volvía con más fuerza la segunda y aun la tercera vez. Al brotar de nuevo la epidemia de viruela desaparecieron poblaciones enteras. No era fácil determinar las densidades de población de los indígenas norteamericanos, las controversias en torno a las poblaciones prehistóricas significaron un dolor de cabeza para los investigadores; pero Dobyns logró demostrar que la población de indígenas en Norteamérica –en los tiempos de la conquista– alcanzaba 9 millones 800 mil habitantes. ¿Qué le sucedió a estos nativos? Los profetas Delaware y Pontiac son los prototipos de jefes indios que se dieron cuenta con una clarividencia casi mágica de la destrucción de sus pueblos por el hombre blanco. Pontiac se convirtió en un gran líder, porque diagnosticó con dolorosa claridad el exterminio de su pueblo en la disputa por las ricas tierras del Medio Oeste.

La respuesta no se hizo esperar: las numerosas bandas de indígenas guerreros se lanzaron a la guerra, asolaron las tierras fronterizas y abrieron el camino de su propia destrucción; los colonos abandonaban distritos enteros pues muchos habían muerto bajo el golpe de las hachas tomahawk y las hogueras que arrasaban las casas y los campos. Ante los ataques indígenas, los valles de los Apalaches fueron abandonados en 1767. A principios de la década de 1900, la población indígena de Estados Unidos se había reducido a unos 250 mil habitantes. A principios de la década de 1970, según las estimaciones de los antropólogos, eran unos 700 mil habitantes. Los nativos americanos no sólo fueron víctimas de las epidemias sino también del fuego de los ejércitos y los colonos. Se trata sin duda de uno más de los muchos genocidios de la historia moderna.

Hacia 1845, John L. O. Sullivan, director del United States Magazine and Democratic Review, al resumir la opinión pública de la gran mayoría de los estadunidenses, escribió ante la anexión de Texas: “las naciones europeas han intentado contrarrestar nuestra política y obstaculizar nuestro poder, limitar nuestra grandeza e impedir el cumplimiento de nuestro destino manifiesto, que significa extendernos por todo el continente para conseguir el desarrollo de millones de personas que se multiplican todos los años”.

Resultado de las tendencias expansionistas y anexionistas ante los países fronterizos, la doctrina del destino manifiesto no fue sino la ideología dominante en los años de la presidencia de James Wood Polk (1845–1849), justificación de la disputa existente con Gran Bretaña por el territorio de Oregon y la anexión de los territorios mexicanos después de la guerra. La traslación tipológica de la idea-creencia de pueblo elegido desde su contexto bíblico al universo político y económico norteamericano, su antropocentrismo teológico, el peligro que significaba modificar el dogma tradicional: el hombre existe para la gloria de Dios por la herejía moderna de que Dios existe para la gloria del hombre.

La mayoría de los manifiestos políticos son una mezcla de tedio y nostalgia. Por un momento, tal vez despiertan verdadero entusiasmo, pero una vez desaparecida su causa inmediata la retórica suena estridente y ampulosa a los oídos de la posteridad. Las excepciones a la regla son escasas. El documento titulado The Unanimous Declaration of the Thirteenth United States of America conserva, como el primer capítulo del mismo manifiesto del partido comunista, gran parte de su fuerza original. Quizá leído hoy es el testimonio más preciso de cómo la idea del “pueblo elegido” –una suerte de superación protestante del carácter excepcional del judaísmo– se convierte en el proyecto del destino manifiesto; sin embargo, ser elegido no es sino la declinación anglo-norteamericana –sostiene Sloterdijk– de la invención europea de la subjetividad, que describe el suceso de la transformación –dentro de la vida común y corriente– en sujetos llamados a participar en una misión íntima, nacional e irrepetible; es también el password, la contraseña norteamericana para desencadenar la acción y participar en el escenario mundial.

(Fuente: La Jornada).

Richard Rorty. Un filósofo contra la filosofía

agosto 14, 2007

No pretendo en estas líneas abordar la obra de Rorty. Deporte y farándula tienen más espacio en las páginas de la prensa que la reflexión sobre las grandes cuestiones. ¡Síntoma de nuestra sociedad!

 

Falleció uno de los filósofos que propuso uno de los conjuntos de argumentos más popularizados para cuestionar el quehacer filosófico y sus pretensiones.

 

A los filósofos, por hábito profesional, nos gusta mordernos las entrañas. Su nombre era Richard Rorty y su obra insignia se llama La Filosofía y el Espejo de la Naturaleza. Obrita que salió bien cara si partimos de las becas y apoyos financieros que él afirma haber recibido para su redacción en el Prefacio.

 

Claro, esa crítica denota mi mentalidad tercermundista, que vivo en un país donde a nadie le pagan para pensar y mucho menos para escribir cosas que valgan la pena. ¡Mis circunstancias, querido Ortega, mis duras circunstancias!

 

Lo que Rorty llama filosofía -previo a su denostación, porque nada más insensato que atacar lo indefinible-, es “un intento de confirmar o desacreditar las pretensiones de conocimiento que se dan en la ciencia, en la moralidad, en el arte o en la religión.”

 

¡Atención! No es que la filosofía -dice el extinto pensador- pretenda suplantar las grandes áreas del conocimiento mencionadas, es que los filósofos y las filósofas se adjudican la tarea de evaluar la validez de los procesos de conocimiento de dichas disciplinas. Una suerte de Suprema Corte de Justicia en los menesteres del conocer. Tarea que él considera absurda.

 

No pretendo en estas líneas abordar la obra de Rorty. Deporte y farándula tienen más espacio en las páginas de la prensa que la reflexión sobre las grandes cuestiones. ¡Síntoma de nuestra sociedad!

 

Provoco a quienes viven para algo más que comer y sentir que busquen el libro y al menos lo vean por encima. Si no se dejan apabullar por las referencias a autores y escuelas filosóficas, que los más jóvenes ni tendrán idea por la explícita exclusión de la filosofía en la educación media en República Dominicana -para facilitar la forja de meseros y bailarinas-, seguro que la lectura de La Filosofía y el Espejo de la Naturaleza puede ser el acicate a un estudio más sistemático de la filosofía, mejor y más maduro que la novelita de Gaarder. Ya que Rorty, en cuanto crítico de la filosofía, es un magnífico filósofo.

 

David álvarez Martín

 

http://www.elcaribecdn.com

El capitalismo, estúpidos, el capitalismo. Entrevista con Zizek

agosto 7, 2007

El capitalismo, estúpidos, el capitalismo

Entrevista con Slavoj Žižek
Sonia Arribas y Howard Rouse

Zizek - Psikeba

 

Comencemos hablando de tus más recientes publicaciones: ensayos introductorios a los discursos y escritos de Robespierre y Mao (Verso, 2007). En estos textos mantienes –como ya hiciste anteriormente con Lenin– que, en cierto modo, hoy día tenemos que «repetir» los gestos revolucionarios de estas dos figuras. ¿Por qué?

 

Es muy simple: son las figuras revolucionarias por antonomasia. Y Mao es la última gran figura. Grande en el sentido de que realmente llevó a cabo una revolución. En una situación como la nuestra, en la que la izquierda no puede hacer mucho, lo importante es mirar al pasado y ver qué es lo que estuvo bien –los grandes momentos emancipadores–, y también lo que salió mal. El éxito y el fracaso son inseparables. Se trata de aislar el momento emancipador, pero analizando al mismo tiempo por qué fracasó de una forma terrible. Por consiguiente, cuando digo «repetir» –ya lo expliqué en el libro sobre Lenin– soy muy preciso; uso esta palabra no en el sentido literal de «hacer lo mismo»; lo que está en juego es más bien el plano teológico de la repetición: Kierkegaard, Walter Benjamin… Es decir, las cosas se repiten porque fracasan. Haces algo mal y tienes que repetirlo para que la segunda vez salga bien. Yo sigo siendo marxista en un sentido irónico: ¿acaso los mejores libros marxistas no son siempre historias sobre un fracaso? Por ejemplo: Trotsky escribió sobre el fracaso de la revolución de Octubre, Marx sobre las causas del malogro de la comuna de París… Siempre se trata de narrar un fracaso; más aún, se trata de corregir los errores. Por ejemplo, a propósito de Lenin, yo no soy uno de esos trotskistas que sueñan que si Lenin hubiera sobrevivido dos años más y hubiese pactado con Trotsky, todo habría ido bien. Eso no es cierto: habrían tenido que enfrentarse a los mismos problemas, la misma situación… Y soy extremadamente crítico con Mao. Mi amigo, el maoísta Alain Badiou, me escribió una carta feroz en la que me atacaba brutalmente porque no le había gustado nada mi ensayo de presentación de los textos de Mao, donde escribo que la verdadera revolución cultural es hoy el capitalismo, que lo que Mao intentó hacer fracasó miserablemente frente al capitalismo.

 

Zizek

 

 

A diferencia de los tópicos liberales o conservadores que sostienen que cualquier deseo de cambio acabará necesariamente en el Gulag, afirmas que Robespierre y Mao fracasaron porque no fueron lo suficientemente radicales. Ni la revolución jacobina de Robespierre ni la cultural de Mao llegaron verdaderamente a intervenir en el nivel de la economía; ambas se quedaron en el nivel de la «pura política». Sugieres incluso que la ferocidad de estas revoluciones fue un síntoma de su fracaso en la transformación de la economía.

 

En el nuevo libro que estoy escribiendo (In Defense of Lost Causes, Verso, 2007) repito irónicamente incluso a Brecht, quien dijo, a propósito de un espíritu malo en un poema japonés, que lo difícil es ser verdaderamente malo. Es decir, lo difícil es ser verdaderamente violento en la historia. Todas las grandes explosiones de violencia que conocemos son fundamentalmente signos de impotencia, fracasos. La furia jacobina (con toda la simpatía que siento por ella –y nadie me va a despojar de mi jacobinismo–) fue tan sólo eso: furia, impotencia. Si tratamos de imponer la igualdad sin cambiar las condiciones económicas, todo lo que hacemos es explotar con furia. Lo mismo le pasó a Mao, e incluso a Stalin. ¿Fueron las grandes purgas estalinistas –tal y como dirían hoy los anticomunistas– el divertimento de un amo supremo? No, la verdad es que el sistema generaba un estado de pánico total. Es interesantísimo leer los nuevos libros que van saliendo sobre el estalinismo, basados en los archivos que se han abiertos recientemente. En ellos se ve que la atmósfera que se respiraba en los niveles superiores de la nomenclatura era de pánico. No había nada de transparencia, nada estaba bajo su control, no sabían lo que estaban haciendo.

 

Regresemos a Mao: a pesar de tus críticas, aprecias muchos de sus logros. Por ejemplo, a diferencia de la ortodoxia marxista –que siempre enfatizó el papel central del proletariado– Mao logró la movilización masiva del campesinado, una clase generalmente considerada conservadora o, cuando menos, apática. ¿Hay equivalentes contemporáneos de ese campesinado de Mao? ¿Quizá el «proletariado informal» de las favelas que describe Mike Davis en Planeta de las ciudades miseria (Akal, 2007)?

 

Para cualquier persona de izquierdas seria, las ciudades miseria y las favelas tienen que ser hoy una fuente de esperanza utópica. Son un fenómeno extremadamente interesante. Estamos hablando de grandes grupos de gente junta, pero no unida por ningún tipo de vínculo religioso o ideológico. Hoy está muy de moda decir –el último Deleuze lo sostuvo en su desarrollo de Foucault– que la sociedad contemporánea ya no se basa en la represión directa, sino en el control, el registro, la administración… El control se incrementa: pensad en Estados Unidos, no creo que haya habido nunca en la historia de la humanidad una sociedad que controlase tanto y con tanto detalle a sus ciudadanos. En las favelas o ciudades miseria el estado ultracontrolador se retira de una parte considerable de su territorio. Los que allí viven son los que Agamben llamaría homini sacer. Son zonas extensas que se están quedando fuera de la soberanía estatal. Ernesto Laclau me ataca en uno de sus textos diciendo que idealizo las favelas, que son realmente lugares de miseria y criminalidad, pero yo soy perfectamente consciente de esa realidad de mafia, economía sumergida, drogas y, en el mejor de los casos, fundamentalismo religioso. Lo que ocurre es que no son sólo eso. La prueba es Hugo Chávez.

 

¿Chávez?

 

Sí, aunque tenga serios problemas con él y no me cuente entre quienes lo ensalzan completamente. Pongamos entre paréntesis los detalles cómicos –el que salga como un payaso en la televisión tres horas todos los domingos, etc.–, eso es lo de menos. Su política exterior es hasta cierto punto una catástrofe. Su acercamiento a Irán y Bielorrusia es una locura. Pero, a pesar de todo esto, creo que ha hecho dos o tres cosas interesantes e importantes. Su primer gran logro (algo que no vale para nuestros países, pero que es crucial en el contexto del Tercer Mundo) fue la movilización política de las favelas, que lo salvaron del intento del golpe de estado. Conozco a gente que lo conoce personalmente y me han dicho que a él mismo le sorprendió. Es decir, no conozco ningún otro movimiento político hoy que haya tenido éxito en la organización y la politización de los excluidos de las ciudades miseria. En Brasil, por ejemplo, y hasta donde yo sé, las favelas están más o menos despolitizadas, llenas de fanáticos religiosos, gángsteres, mafiosos, etc. Hay cierta actitud defensiva, pero no una verdadera politización.

slavoj zizek

El segundo gran logro de Chávez es que, al tiempo que obedece formalmente, más o menos, las reglas de la democracia, también trata de conseguir una movilización política de la gente que evite la necesidad de una organización bajo la forma del partido. Pero, tal y como predije, no puede evitarla completamente: según las últimas noticias Chávez ha constituido un partido. Negri y Badiou se van a horrorizar. ¿No dicen que la forma partido es algo del pasado? Pero, por supuesto, ahora se le viene encima el verdadero problema. Bajo una presión económica grave –boicots, escasez de comida…– tendrá que tomar medidas económicas serias; a partir de ahora se va a dar de bruces con el límite.

 

 

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fte: Círculo de Bellas Artes

El paraíso terrenal es un ideal totalitario

julio 29, 2007

por Tzvetan Todorov

 

“No soy un filósofo”, dice con voz suave y pausadamente el reconocido ensayista y lingüista Tzvetan Todorov en el café de la Contrescarpe. “Me apasiono por cuestiones de política, de moral, de sociedad, de interpretación de la historia… Filósofo es una gran palabra.”

 

Nacido en Bulgaria, en 1939, Todorov vino a París en 1963 para hacer un doctorado. “Bulgaria era un país que formaba parte del bloque comunista, atado a la política soviética… Un régimen totalitario. Pero no me exilié. Llegué a Francia como estudiante”, recuerda.

 

Todorov, para el que no existen los paraísos en la Tierra, dice tener varias vidas. La primera, durante su niñez, adolescencia y juventud, en Bulgaria. Luego, su vida parisiense, en la que mutó lentamente hasta adoptar las características de la vida francesa. Y esta segunda vida tuvo varias subdivisiones, como se ve en sus trabajos.

 

“Hasta 1980, todos mis escritos fueron sobre temas de literatura y lenguaje. Traduje al francés los textos de los formalistas rusos y formaba parte del movimiento estructuralista, en lo que concierne a los estudios literarios y a la teoría general del lenguaje y de los símbolos”, relata, y añade que poco a poco se fue produciendo un cambio en su persona.

 

“Un cambio en mi espíritu, relacionado con el hecho de que ya no vivía más en mi país de origen. En Bulgaria, ocuparse de la ideología o de todo lo que de cerca o de lejos se asemejaba a la ideología era una actividad peligrosa. O bien se vendía el alma y uno se sometía a las exigencias impuestas desde afuera o bien se ponía en peligro el alma porque se afirmaban cosas consideradas heréticas o inaceptables que podían llevar a la exclusión de la comunidad científica o de la comunidad, incluyendo la prisión.”

 

Más de una década después de haber llegado a Francia, Todorov comenzó a reaccionar de diferente manera a su trabajo. Ya no necesitaba estar “alejado de toda interrogación sobre la ideología, sobre las consecuencias públicas y sociales, porque ya no vivía en una sociedad dictatorial y totalitaria, sino en una democracia en donde podía decir lo que quería”.

 

Y escribir lo que quisiera? “Es una explicación un poco marxista la que daré, ya que fue mi condición de existencia lo que transformó mi pensamiento”, sostiene Todorov entre sorbo y sorbo de un jugo de naranja.

 

Durante la hora de charla que mantuvo con LA NACION, Todorov explicó cómo encuentra un poco de amor cuando cocina y cómo, a pesar de su poco optimismo sobre un mañana mejor, aprovecha cada instante de su existencia para sentirse feliz y realizado.

 

-Cuando comprendió que podía escribir y pensar lo que quisiera, ¿qué fue lo que comenzó a llamar su atención?

 

-Ya no quería limitarme a la teoría de los textos, sino poner mi comprensión al servicio de una reflexión que concerniera a la vida común de la sociedad. Se me impusieron varios temas que estaban más bien vinculados con mi identidad. El primero fue la pluralidad de culturas, tema al cual todo exiliado es inevitablemente sensible. Era sensible a eso por mi propia experiencia, pero no sabía cómo abordarla en mi trabajo. Fue en un viaje a México donde encontré la forma: estudiar el encuentro excepcional que significó el primer siglo del descubrimiento de Colón. En “La conquista de América” hice un estudio de los escritos españoles e indios que describían la percepción del otro. Luego estudié la tradición francesa sobre esa temática en el libro “Nosotros y los otros”. Fue una historia no totalmente cerrada en el período estudiado. Quería servirme de la historia de las ideas como un diálogo con el pasado para reflexionar sobre el presente. Este es uno de los grandes temas que continúan preocupándome. El segundo tema que se me impuso es la oposición entre totalitarismo y democracia. Intenté utilizar mis conocimientos sobre la historia europea para ponerlos al servicio de la comprensión del presente y de una reflexión moral, política y estética del presente. Los temas cambiaron desde entonces, pero de esta misma manera continúo abordando el mundo presente.

 

-Se fue acercando cada vez más al presente en sus temas de estudio?

 

-En los últimos años publiqué dos libros que son cada vez de más actualidad, “Memoria del mal, tentación del bien” y “El nuevo desorden mundial”. Probablemente la próxima vez escriba sobre el día de ayer. [Se ríe.]

 

En “Memoria del mal, tentación del bien” reflexionó sobre los orígenes del totalitarismo. ¿Cómo lo explica en los tiempos modernos?

 

-El totalitarismo mutó de modo muy importante en la modernidad, desde fines del siglo XVIII, con las revoluciones en los Estados Unidos y en Francia. Cesó el sometimiento a la tradición, se dejó de considerar que son Dios o nuestros ancestros los que nos dictan nuestras maneras de conducirnos y, en cambio, se propuso, e incluso se impuso, que fueran los seres humanos los que decidieran sobre su propio destino. En el seno de esta mutación moderna, el totalitarismo creció como una forma extrema.

 

-Pero ¿cómo nació, con ideas que parecían de signo contrario?

 

-Nació de la nostalgia. El totalitarismo es un intento por restablecer características de la sociedad de ayer en un marco moderno y de someter nuevamente al individuo al grupo e imponer valores únicos a toda la sociedad. Es una especie de proyecto que hoy sabemos que es imposible y trágico. Evidentemente, esta expresión quería corregir los “defectos” de la modernidad. La modernidad tiene defectos: en democracia no vivimos obligatoriamente felices, pero descubrimos con las amargas experiencias totalitarias que el remedio de imponer por la fuerza estas soluciones es un remedio peor que el mal. La democracia no trae soluciones, pero el nazismo, el comunismo y las dictaduras son aún peores que el mal del que nos querían curar.

 

-¿Cree en la democracia como panacea?

 

-No es una respuesta universal: para demostrarlo, están las guerras europeas de fines del siglo XX, que se produjeron fuera del sistema totalitario. Las estudié a la luz de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki: de cierta manera, creo que es la continuidad de una misma línea, que me parece muy peligrosa y que la guerra de Irak ilustró nuevamente. Es una perversión del espíritu de la democracia, pero no por ello es totalitarismo. En el horizonte del corto y mediano plazo, que es el lapso que podemos abarcar, no veo qué alternativa global puede sustituir al régimen democrático.

 

-¿La democracia sufre perversiones?

 

-La democracia se basa en la idea de igualdad de derechos de todos sus miembros, pero sabemos que, en cualquier país, la igualdad ante la ley no es verdaderamente respetada, ni la igualdad entre los hombres y las mujeres ni la igualdad entre la gente de color diferente, etcétera. Son desigualdades sociales, cosas contra las cuales es indispensable luchar todos los días. Podríamos analizar todas las ideas generales de la democracia y veríamos que se puede llegar mucho más lejos de lo que llegamos. Soy consciente de que la democracia puede ser pervertida.

 

-¿Se puede imponer la democracia?

 

-Este intento de imponer el bien a los otros por la fuerza no produce los resultados esperados. Basta con mirar los casos de Afganistán o de Irak. Es claro que no se instauró la democracia, aunque haya sido el objetivo declarado, y hoy se está, quizá, más lejos de lo que se estaba hace diez años. Pero hay otros problemas, para los cuales no conocemos soluciones. Uno de los problemas estructurales de la democracia es el olvido de los fines y la sacralización de los medios. Cuando uno se ubica en una perspectiva histórica se ve ese gran cambio en la sociedad antigua. La finalidad, el fin, estaba siempre más allá del mundo humano y terrestre. Había que actuar bien para ser dignos de un ideal que nos transmitía una tradición inmemorial, que se decía inspirada directamente por Dios y los profetas.

 

-Desde un punto de vista histórico, ¿cuándo se sacralizaron los medios?

 

-La revolución de la modernidad consistió en sustituir la búsqueda de la finalidad divina por otra totalmente humana. Como se dijo mucho en el siglo XVIII, la felicidad sustituyó a la salvación. De la vida de un buen cristiano, se dejó de lado la salvación y se quiso afirmar el derecho de los hombres y mujeres a la felicidad. Y no sólo a través de lo material, porque el dinero no es suficiente para hacer la felicidad. La felicidad nace de cierta relación humana, de un tipo de inserción del individuo en su entorno humano.

 

-Según su opinión, ¿hoy estamos perdiendo de vista los fines?

 

-Hacemos las cosas simplemente porque controlamos muy bien los medios. Por ejemplo, la economía: es un medio para producir riqueza, pero no debería ser sólo para producir riqueza, sino para hacer que los seres humanos fueran más felices y estuvieran más satisfechos con sus vidas. Sin embargo, muy a menudo lo observamos, queremos que haya crecimiento por el crecimiento mismo, desarrollo por el desarrollo mismo, todo para que la economía sea aún más eficiente. Pero olvidamos preguntarnos para qué. Hacemos gran cantidad de cosas sin tener en cuenta el efecto que tendrán. La comprensión científica se convirtió en una finalidad en sí. ¿Para qué ir a Marte? ¿No hay una mejor finalidad humana para la utilización de los medios? Es un problema inherente a toda vida en democracia esa tendencia a sustituir el desarrollo de los medios en detrimento de los fines.

 

-Quizá sea la ambición de superarse a uno mismo, ese deseo humano de buscar la perfección…

 

-En Rusia, se enviaba a la gente al gulag para “producir hombres nuevos”. En Alemania se buscó lo mismo, pero con la selección natural -casamientos entre arios- o la selección artificial, aunque esta palabra tomó un sentido siniestro, porque se llamó así a la exterminación de todos los débiles, los viejos, los enfermos, que fueron enviados a los campos de concentración. Hoy prevalece ese sueño, que no puede ser realidad, de eliminar las imperfecciones del ser humano modificando su genoma, pero es un proyecto peligroso. Esta ideología no es aceptable ni defendible.

 

-¿Cree que la sociedad evoluciona sin rumbo?

 

-La sociedad no está a la deriva, pero pienso que jamás viviremos en un paraíso. No hay que hacerse ilusiones. Es lo que sostengo en mis libros. Montaigne afirma que esta imperfección es constitutiva de la condición humana, porque así estamos hechos. Necesitamos a los otros, pero los otros no se pliegan a nuestros deseos. Por lo tanto, la violencia nos tienta, para imponer nuestros deseos. Disponemos de cierta libertad que nos distingue de todo el resto del mundo vivo, tenemos una gran libertad con respecto a nuestro código genético o a nuestra naturaleza, pero esta libertad puede conducirnos tanto a la generosidad como a la perversión. Las sociedades están hechas de grupos con intereses contradictorios y no se puede satisfacer a todos al mismo tiempo…

 

-¿Cuál es la sociedad ideal, entonces?

 

-Una buena sociedad es la que sabe aprovechar los compromisos entre intereses contradictorios. Si renunciamos a esa visión del paraíso terrestre, que era la que estaba detrás de la política totalitaria, porque soñaba con construir el paraíso terrestre, aunque se renunciara a esa visión, sería indispensable que fuéramos conscientes de los peligros que socavan nuestra existencia.

 

-En “Memoria del mal, tentación del bien”, subrayó que no puede haber ideales verdaderos o falsos, sino únicamente más o menos elevados. ¿Puede haber ideales malos?

 

-Por supuesto que sí. Por ejemplo, el ideal de producir el paraíso terrenal puede parecer magnífico, porque se desea que todo sea perfecto y todos vivan en la felicidad, pero en realidad es un ideal mortal. Lo aprendimos a la fuerza. Comprendimos que el ideal democrático, que es mucho menos excitante que la perfección del paraíso, es digno de respeto y hay que defenderlo.

 

-¿Cree que, buenos o malos, hay ideales en nuestra época?

 

-No creo que la sociedad ya no tenga más ideales. La humanidad no puede vivir sin ideales. Si no tuviera más ideales, habría habido una mutación de la especie. Hay momentos de ceguera e inconsciencia, pero uno se puede despertar de esos momentos. Lo que se llamó la politización de la juventud no era maravilloso. Yo lo viví cuando tenía veinte años. Había mucha simplificación, muchos dogmatismos. No era una época ideal. En la época actual se da más importancia a la búsqueda individual de una vida mejor, más bella. Me parece legítimo y corresponde a la democracia. La democracia no ofrece la plenitud a sus ciudadanos. Tener buena seguridad social no lo hace a uno feliz. Tener una jubilación decente no hace que uno se sienta realizado. La democracia es eso: asegurar la jubilación, una buena cobertura médica, buenas condiciones de trabajo, etcétera. Pero ¿y una vez que se obtuvo eso? Era un medio y no un objetivo en la vida.

 

-¿Y cuál es su objetivo?

 

-Lo que se quiere es sentirse realizado; es poder decir que tengo una vida llena de riqueza, feliz, porque amo a los seres humanos que admiro, porque me siento amado, porque escribí las obras que quería escribir, o construí los muros que quería construir, si fuera albañil. Son voces individuales que tienden a la realización personal, y creo que en democracia esas voces son privilegiadas. No hay que menospreciarlas, porque no creo en el mañana perfecto. Todas esas imágenes que alimentaron la primera mitad del siglo XX, en donde se prometía que con un golpe de varita mágica todo se resolvería, no las creo. Más bien creo que cada uno puede trabajar para hacer que su vida sea más satisfactoria.

 

-Muchos encuentran en la religión ese camino a la realización personal?

 

-Lo religioso se convirtió hoy en una experiencia individual, una entre otras. Hoy no vivimos en un marco dado por la Iglesia. Sin embargo, un individuo puede encontrar su consumación interior en una experiencia religiosa, pero otro la puede lograr en el amor a la pintura o la música, o en el jardín de infantes al que va todos los días para trabajar con niños.

 

-¿Esa es su filosofía de vida?

 

-Consiste justamente en hacer el elogio de lo cotidiano, en buscar en la vida común, en la vida diaria, lo que puede embellecerla, hacerla digna de ser vivida.

 

-¿Y lo encuentra?

 

-Intento que mi vida sea tan rica como sea posible, aun en el simple hecho de cocinar. Es una acción que da sentido, porque la comida se hace para los otros, se comparte con los otros, es un don, es una obra efímera que desaparece de la noche a la mañana, es una obra para recomenzar todos los días…

 

Por Patricio Arana
Para LA NACION
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Slavoj Zizek. Premio Cristóbal Gabarrón de Pensamiento y Humanidades 2007

julio 10, 2007

Slavoj Zizek ha sido galardonado con el Premio Cristóbal Gabarrón de Pensamiento y Humanidades 2007 por la “originalidad de su obra” y por la “atención constante por las culturas de nuestro tiempo”.

La Fundación Cristóbal Gabarrón, constituida en 1992 para fomentar la ciencia, el arte y el pensamiento, falló en 2002 la primera edición de sus Premios Internacionales, instituidos entonces con motivo de su décimo aniversario y que pretenden reconocer trayectorias prestigiosas de personas que hayan aportado algo a la humanidad.

Zizek - Psikeba

 

El premio, que se falló hoy en Valladolid, recayó en Zizek por “originalidad y potencia intelectual de su obra que reúne la gran tradición filosófica occidental con una atención constante por las culturas de nuestro tiempo”, según consta en el acta del jurado que seleccionó a ZIzek tras estudiar 22 candidaturas pertenecientes a Cuba, Eslovenia, España, EE.UU., Francia e Inglaterra.

Slavoj Zizek – nacido en Liubliana, Eslovenia en 1949 – es considerado como uno de los pensadores más brillantes del mundo posmoderno, y ha sido investigador en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Liubliana (Eslovenia).

 

 

Zizek y el psicoanálisis de orientación lacaniana

Rosa Aksenchuk (compiladora)

 

1. La teoría lacaniana como la principal orientación filosófica de la Escuela EslovenaComo explica Ernesto Laclau[1] . La recepcion que se ha dado a Lacan varía de un país a otro. En Francia, y en los países latinos en general, aún cuando el impacto cultural de la teoría lacaniana se extendió rápidamente a esferas tan amplias como la literatura, la filosofía o el arte, la influencia de Lacan ha sido primordialmente clínica, o sea, vinculada estrechamente con la práctica psicoanalítica. En los países anglosajones, este carácter central del aspecto clínico ha estado ausente en gran medida y la influencia de Lacan ha virado casi exclusivamente en torno a la tríada literatura-cine-feminismo .

A estas distinciones se suma una diferenciación en función de las diversas interpretaciones de la obra lacaniana, además de una serie de intentos de articulación con otras perspectivas filosóficas. En cuanto a la interpretación, se puede distinguir la oposición existente entre las diferentes generaciones lacanianas en Francia. Por un lado, la primera generación de lacanianos hace hincapié en los problemas clínicos y el rol decisivo que desempeña lo Simbólico en el proceso psicoanalítico. Por el otro, la generación más joven liderada por Jacques-Alain Miller, ha tratado de formalizar la teoría lacaniana, señalando las distinciones entre las diferentes etapas de su enseñanza y acentuando la importancia teórica de su última etapa, en la que lo Real ocupa un papel primordial como aquello que resiste a la simbolización.

Dentro de este marco de referencias, la teoría lacaniana es la principal orientación filosófica en Eslovenia. Esta escuela destaca por su originalidad, en especial por dos rasgos primordiales.

Uno de los rasgos que caracteriza a la escuela eslovena es el uso de las categorías lacanianas en el análisis de los textos filosóficos clásicos, sobre todo los de Hegel. El otro se basa en su insistencia en el campo ideológico-político: su descripción y teorización de los mecanismos fundamentales de la ideología (la identificación, el papel del significante amo, la fantasía ideológica); sus intentos por definir la especificidad del “totalitarismo” y sus diferentes variantes (stalinismo, fascismo) y esbozar las principales cracterísticas de las luchas democráticas readicales en las sociedades de Europa del Este. El point de capiton se constituye en un operador ideológico fundamental; como así también las nociones de fantasía y de identificación. La jouissance (goce) les permite entender la lógica de la exclusión que opera en discursos como el racismo.

No cabe duda alguna acerca de la riqueza y profundidad que ofrece la interpretación de Hegel que hace la Escuela de Eslovenia. Su especial combinación de hegelianismo y de teoría lacaniana representa en la actualidad uno de los proyectos teóricos más innovadores y prometedores en el panorama intelectual europeo.

 

2. Zizek lector de Lacan. Aportaciones [2]

El Paralaje
Ante el “No hay”, la invención de nuevos conectadores. Preguntas que producen un espacio de problemas. Cambiar de sitio, mudarse. La Paralaje [3] , Desplazamientos, que reproducen y señalan el antagonismo básico en el objeto.

Lo Real lacaniano es inherente a lo Simbólico
Lo Real como externo es la excepción que fundamenta la universalidad, mientras que lo Real lacaniano es inherente a lo Simbólico, es el punto de fracaso elusivo y totalmente inherente, no sustancial, por el cual lo Simbólico es para siempre “no-todo”. Dicho de otra manera, no hay Gran Otro.

Acto
Hay actos verdaderos y falsos. La experiencia analítica produce un salto de lo singular a lo universal sin pasar por lo particular. ¿Cómo reafirmar en el terreno político la dimensión adecuada del acto?

Las paradojas
La fecundidad de las paradojas. Las cosas no son así. Son así y de otra manera.

La desidentificación
Mantener una distancia con la propia identidad simbólica.

Lo universal
Mantener la noción paradójica de lo universal como simultáneamente imposible y necesaria.

El sujeto
No es que el sujeto esté limitado: el límite mismo es el nombre del sujeto.

Responsabilidad subjetiva
La posición de verdadera autonomía del sujeto no es “soy responsable de todo” sino más bien “no hay nada de lo cual no sea responsable”. Cuyo equivalente es “no soy responsable de todo” precisamente porque no puedo tener una visión global de Todo, no hay nada por lo cual pueda exceptuarme de mi responsabilidad.

La contemporaneidad
Con su amigo Badiou ponen en cuestión lo actual: La realización del mundo como mercado global, el reino indiviso de grandes grupos financieros, etc son una realidad indiscutible y que se ajusta esencialmente, al análisis de Marx ¿Dónde encaja la política en todo esto? ¿Qué clase de política es realmente heterogénea de lo que demanda el capital?

Una nueva universalidad política
Zizek responde: La única perspectiva realista es fundar una nueva universalidad política, que ingrese al goce como categoría. Optando por lo Imposible, asumiendo plenamente el lugar de la excepción, sin tabúes, sin normas a priori “derechos humanos”, “democracia” cuyo respeto nos impediría también resignificar el terror, el ejercicio implacable del poder, el espíritu de sacrificio.

Notas:

[1] Laclau, Ernesto. Prefacio al libro “El sublime objeto de la ideología” de Slavoj Zizek. Siglo XXI Edit., Argentina. , p 11

[2] Texto basado en: Lo que el psicoanálisis de la Orientación lacaniana le eneseñó a Slavoj Zizek,El Padre entre psicoanálisis y filosofía. IC, Instituto Clínico de Buenos Aires. Gramma Ediciones, 2006, pp 117-118 Autora: Lucia Blanco. DISPAR 6, Publicación de Psicoanálisis.

[3]El desplazamiento aparente de un objeto, cuando es visto desde dos puntos diferentes que no están alineados on el objeto. Para mayor información ver el prólogo de Analía Hounie al libro de Slavoj Zizek, Violencia en Acto, Editorial Paidós.

 

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Todorov ve la literatura en peligro

julio 7, 2007

“Huir de la tentación del bien”. La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa. Entrevista a Tzvetan Todorov – por Eduardo Castañeda © Psikeba 2007. Revista de Arte, Psicoanalisis y estudios culturales.
Tzvetan Todorov © Psikeba 2007

“Huir de la tentación del bien”. La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa. Entrevista a Tzvetan Todorov – por Eduardo Castañeda © Psikeba 2007. Revista de Arte, Psicoanalisis y estudios culturales.
Tzvetan Todorov © Psikeba 2007

“Huir de la tentación del bien”. La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa. Entrevista a Tzvetan Todorov – por Eduardo Castañeda © Psikeba 2007. Revista de Arte, Psicoanalisis y estudios culturales.
Tzvetan Todorov © Psikeba 2007

“Huir de la tentación del bien”. La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa. Entrevista a Tzvetan Todorov – por Eduardo Castañeda © Psikeba 2007. Revista de Arte, Psicoanalisis y estudios culturales.
Tzvetan Todorov © Psikeba 2007

“Huir de la tentación del bien”. La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa. Entrevista a Tzvetan Todorov – por Eduardo Castañeda © Psikeba 2007. Revista de Arte, Psicoanalisis y estudios culturales.
Tzvetan Todorov © Psikeba 2007

“Huir de la tentación del bien”. La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa. Entrevista a Tzvetan Todorov – por Eduardo Castañeda © Psikeba 2007. Revista de Arte, Psicoanalisis y estudios culturales.
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“Huir de la tentación del bien”. La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa. Entrevista a Tzvetan Todorov – por Eduardo Castañeda © Psikeba 2007. Revista de Arte, Psicoanalisis y estudios culturales.
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“Huir de la tentación del bien”. La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa. Entrevista a Tzvetan Todorov – por Eduardo Castañeda © Psikeba 2007. Revista de Arte, Psicoanalisis y estudios culturales.
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“Huir de la tentación del bien”. La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa. Entrevista a Tzvetan Todorov – por Eduardo Castañeda © Psikeba 2007. Revista de Arte, Psicoanalisis y estudios culturales.
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“Huir de la tentación del bien”. La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa. Entrevista a Tzvetan Todorov – por Eduardo Castañeda © Psikeba 2007. Revista de Arte, Psicoanalisis y estudios culturales.
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“Huir de la tentación del bien”. La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa. Entrevista a Tzvetan Todorov – por Eduardo Castañeda © Psikeba 2007. Revista de Arte, Psicoanalisis y estudios culturales.
Tzvetan Todorov © Psikeba 2007

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Toutes les méthodes pédagogiques sont bonnes, tant qu’elles ne transforment pas les moyens en fin et qu’elles cherchent, grâce à la littérature, à enrichir et à structurer l’esprit de l’être humain” (Tzvetan Todorov, La Littérature en péril, Flammarion, «Café Voltaire», 95 págs, 12 €)

 

Hay autores incombustibles y uno de ellos es, sin duda alguna, Tzvetan Todorov. El 2007 empieza para él como siempre, con un texto revigorizante, aunque corto, cuyo título es La Littérature en péril. Un volumen que, si no ando desencaminado, es el que hace la bonita cifra de treinta y cinco dentro de su nutrida producción. Hay en este libro una andanada contra quienes supuestamente ponen la literatura en peligro, contra aquellos profesores, críticos literarios y oras gentes de letras que reducen la literatura a juegos formales y que no ven otra cosa que “técnicas narrativas”. Y no es un defecto exclusivo de las mentes pensantes, pues el deterioro se cultiva desde la tierna infancia. La escuela es la inicial responsable, porque “on n’apprend pas de quoi parlent les oeuvres, mais de quoi parlent les critiques”, porque en aras del análisis formal los profesores descartarían estudiar su relación con el hombre y con el mundo: “on se demandera si Le Procès s’apparente au registre comique ou à celui de l’absurde, au lieu de chercher la place de Kafka dans la pensée européenne”. Así pues, entre unos y otros quedaría encumbrada una trilogía fatal, esa que formarían el formalismo, el nihilismo y el solipsismo.

 

Con tales armas, no harían sino desesperar al lector más entusiasta y ese resultado no sería extraño, pues precisamente es el entusiasmo lo que desespera a aquellos caballeros eruditos. He aquí, pues, el abismo que separa a aquéllos de éstos. El crítico y el especialista destilan conmiseración, mientras que los lectores buscan en una novela algo que dé sentido a su vida. En fin, dice Todorov, es necesario que la literatura devenga popular: “Non seulement [les] romans populaires ont amené à la lecture plusieurs millions d’adolescents, mais de plus ils leur ont permis de se construire une première image cohérente du monde, que, rassurons-nous, les lectures suivantes amèneront à nuancer et à complexifier”.

 

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La crítica ha tratado con algo de respeto y un poquito de ironía esta nueva entrega del pensador franco-búlgaro, dadas las puyas que contiene contra esta profesión. Philippe Lançon, en la reseña que ha publicado Libération, puede ser un buen ejemplo. A su parecer, con este libro Todorov se ha incorporado a lo que podríamos denominar el coro de los suplicantes o llorones.

 

 

¿Es realmente cierto, se pregunta Lançon, lo que denuncia este pensador? La producción literaria contemporánea desmiente este tópico, concluye, algo que debería ser obvio incluso teniendo un conocimiento superficial de ese mundo. En Francia, por ejemplo, no cesan de publicarse novelas de todas las clases, cuya preocupación principal es relatar el mundo de una manera u otra. Atribuir, pues, a las críticas aparecidas en la prensa o en las revistas especializadas tal influencia sobre el trabajo de los novelistas es exagerar el poder de los unos y subestimar la imaginación de los otros. Ahora bien, continúa Lançon, Todorov es un universitario y mucho de los de ese círculo estudian tanto a los muertos que acaban viendo a los vivos con una perspectiva deformada, casi siempre nostálgica. Todorov no escaparía, pues, a ese timbre.

 

 

¿Significa eso que el libro de Todorov carece de interés? De ningún modo, sobre todo en la parte en que relata una breve meditación autobiográfica. Hay que recordar que Todorov estuvo vinculado en los años sesenta a Gérard Genette, uno de los pioneros de la crítica textual, con quien creó la revista Poétique bajo el estandarte clasificatorio del estructuralismo.

Fue un trabajo fructífero, hasta el punto de que modificó y orientó los estudios literarios en Francia y, por extensión, en otros lugares. Por eso, no debe extranar que Todorov se pregunte: “Devrais-je me sentir responsable de l’état de la discipline aujourd’hui ?Lançon no lo cree.

 

Todorov recuerda que comenzó a estudiar en la Bulgaria comunista: «Je me suis engagé dans une des rares voies qui permettaient d’échapper à l’embrigadement general. Elle consistait à s’occuper d’objets sans teneur idéologique; donc, dans les oeuvres littéraires, de ce qui touchait à la matérialité même du texte, à ses formes linguistiques”. Al llegar a Francia prosiguió este trabajo en contacto con el naciente estructuralismo, con una pretensión: “infléchir l’enseignement littéraire à l’université pour le libérer de la grille des nations et des siècles, et l’ouvrir à ce qui rapproche les oeuvres les unes des autres”. Fue eso lo que le hizo recordar siempre que la literatura le ayudó a vivir, porque le hablaba del hombre, porque le permitía comprender.

 

Todorov acaba reconociendo que los estudios a los que contribuyó en los sesenta han llevado a exagerar la importancia del sentido formal en los textos. Por tanto, sería necesario volver a reintroducir un poco de simplicidad, de humanidad y de contexto. Y tras ese breve comentario, Lançon concluye: “C’est juste, banal, d’un diagnostic un peu superficiel ­ comme un préambule au livre profond qu’il écrira peut-être sur son rapport à la langue, ce tango éclairé et discret de formaliste humaniste”.

 

Para terminar, hemos de añadir que quizá la preocupación de Todorov sea ciertamente banal, pues las previsiones editoriales en Francia son de tal calibre que ha de haber necesariamente obras con las que colmar esa sed humanista. Por lo que se dice, entre enero y abril se publicarán un total de 542 nuevas novelas y ensayos, entre francesas y traducidas. Alimento no faltará. Entre todo eso, también han aparecido o aparecerán otras reflexiones sobre la literatura, como L’Art de raconter (Grasset) de Dominique Fernandez o Devenirs du roman (Naïve) de François Bégaudeau, así como obras tales como Place des pensées (Gallimard), en la que Richard Millet reflexiona sobre la obra de Maurice ­Blanchot, La Révolution (Gallimard) de François Furet, con prólogo de Mona Ozouf o el François Furet (Gallimard) de Ran Halevi.

Fte: Grand Tour

LINKS:

Una entrevista cruzada entre Todorov y François Bégaudeau, novelista y profesor de francés

“Huir de la tentación del bien”. Entrevista a Tzvetan Todorov – por Eduardo Castañeda

“La tentación del mal, no es nada,. La tentación del bien es la más peligrosa, porque a nombre del bien podemos cometer un mal mucho mayor. Eso sucede mucho en nuestros días. El gran peligro de nuestros días es considerarse la encarnación del bien”, explica en entrevista el historiador y filósofo franco-búlgaro Tzvetan Todorov. (Leer Más en PSIKEBA, Revista de arte, psicoanálisis y estudios culturales)

El nuevo desorden mundial

El paraíso terrenal es un ideal totalitario

 

 

Entrevista a Slavoj Zizek “Occidente practica una tolerancia virtual”

junio 7, 2007

Conciliar la cultura de masas con el psicoanálisis y el ciberespacio con el materialismo ha convertido al esloveno Slavoj Zizek en un mito de la filosofía actual. Ha sido profesor en La Sorbona y Harvard y vive entre Liubliana, Buenos Aires y “los aviones” que le llevan de auditorio en auditorio. Fue candidato a la presidencia de su país y publica un libro al año, sobre el 11-S, la guerra de Irak, Lacan o David Lynch. Ha pasado por España para hablar sobre la inmigración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Slavoj Zizek es un provocador nato, pero él se define como “un intelectual clásico”. “En el fondo, soy lo contrario de esos chicos malos del instituto, aquellos que dentro del libro de filosofía escondían una revista porno”, afirma. “Yo soy al revés. Dentro de las revistas porno escondo la filosofía. Disfruto con Hegel y finjo que disfruto con Hollywood. Son mis colegas los que disfrutan con Hollywood y fingen que lo hacen con Hegel”. Este pensador esloveno no para de moverse y hablar. La conversación comienza en su hotel, sigue en un taxi, pasa por tres ventanillas de facturación del aeropuerto de Barajas, se prolonga en la sala de espera y termina en el control de seguridad.

 

Nació en Liubliana (Eslovenia) en 1949 y allí vive un tercio del año. Otro más reside en Buenos Aires (su mujer es argentina) y el tercero lo hace “en aviones”. Venía de Moscú vía Praga y se marchaba a Santiago de Compostela para, al día siguiente, viajar a Francfort y Los Ángeles. Ha sido profesor en La Sorbona y en Harvard, pero quiere dejar las clases. En Eslovenia tiene el mejor trabajo del mundo: “No hacer nada”, es decir, investigar para el Instituto de Estudios Sociales. Junto a Hegel y a Lacan, tiene a Marx entre sus referentes, pero el Gobierno comunista de Yugoslavia lo consideró poco ortodoxo para confiarle la formación de los jóvenes y lo apartó de las clases: “Además no creo en el diálogo filosófico. La filosofía siempre ha sido dogmática. En todo caso es un malentendido. Aristóteles malinterpretó a Platón, Marx a Hegel y Hegel a Kant. ¿Platón? Los de Platón son los diálogos más falsos de todos. Consisten en alguien que habla y otro que a cada rato dice: ’Por Zeus, estás es lo cierto”.

 

Con un inglés cortado a motosierra pero imparable, Zizek pasó por Madrid para dictar una conferencia en el Círculo de Bellas Artes dentro de un ciclo sobre la inmigración. En la sala no cabía un alma. Había gente de pie y gente sentada en el suelo. ¿El título de su charla? Teme a tu prójimo como a ti mismo. En el taxi matiza: “No es un consejo, es una descripción de la ideología dominante. Hay dos palabras fetiche: tolerancia y agresión. ¿Pero qué significan en realidad? Agresión significa aproximarse demasiado. Por eso Occidente ejerce la tolerancia a distancia, virtualmente. Somos solidarios con los africanos en África, no con los de nuestro barrio”.

 

Para Zizek, el ejemplo máximo de esa ideología es EE UU. Allí, dice, todo puede ser una agresión: “Tocar a alguien, mirarlo demasiado… Igual que queremos pasteles sin azúcar queremos a un prójimo descafeinado. En California la gran moda es un invento llamado Mastubatón: 400 personas se masturban en un lugar público, pero no tienen derecho a tocarse. La entrada cuesta 20 dólares y, por supuesto, el dinero se destina a una obra de caridad. Esa lógica masturbatoria es la que rige hoy las relaciones sociales. Vivimos en un solipsismo colectivo. Eso es también Internet: todos conectados pero todos aislados”.

 

En las entrañas del ordenador que lleva al hombro, Zizek carga el ensayo que acaba de terminar, sobre la violencia, y el que acaba de empezar, que, adelanta, empieza con Heidegger y termina con El Código Da Vinci. Así es Zizek. Afirma que va a dejarlo todo para consagrarse a escribir sobre el idealismo alemán, pero se le iluminan los ojos hablando de Stalin Subway, un juego con el que pasa las horas junto a su hijo de cinco años: “Los juegos de ordenador requieren una concentración y un orden que te permita inventar un país y mantenerlo en pie”. Zizek siempre va un libro por delante de sus editores, que en España son media docena. Autor de títulos como Lacrimae rerum (sobre cine), Bienvenidos al desierto de lo real (sobre el 11-S) o La tetera prestada (sobre Irak), dice no tener recetas: “Mi propuesta es: tomémonos el tiempo de pensar por qué hemos llegado aquí y quién nos ha traído. No nos dejemos atrapar en la trampa humanitaria, que es otra de las grandes ideologías de hoy. La caridad es ahora parte del capitalismo global y sus figuras principales son George Soros y Bill Gates. Su lógica es: te quito todo el dinero y luego te doy las vueltas. En esto sigo siendo marxista, pero lo que me interesa de Marx no es la lucha de clases, sino la lucidez con que señala las contradicciones del capitalismo”. Mientras salta de un tema a otro, Zizek insiste en definirse como un modesto pesimista: “Sólo digo: mantengamos la mente abierta, no aceptemos las fórmulas. Merecemos algo más que un capitalismo con rostro humano”.

 

Cuando se le pregunta por la alianza de civilizaciones, el filósofo, que en 1990 fue candidato a la presidencia de Eslovenia, reconoce que es la primera vez que oye hablar de ella: “Zapatero es hoy el gran representante de la tercera vía. Y más simpático que Blair, pero él también ha levantado un muro en Marruecos. ¿Alianza? Suena a vacío: celebremos nuestras diferencias, subrayemos los valores que nos unen, bla, bla, bla. La política consiste en actuar, no en plantear teorías bienintencionadas. A veces los hechos consumados crean las condiciones que los hacen posibles. Si esperas a que esas condiciones existan, nunca harás nada. Es lo que hizo el propio Zapatero al sacar a las tropas de Irak o al decretar la igualdad entre hombres y mujeres en su Gobierno”. Para Zizek, la única alianza posible es una “entre los disidentes del liberalismo y los disidentes del Islam”.

 

Azote de Bush con sus artículos en The New York Times, el filósofo afirma que la gran catástrofe de los países árabes es el declive de la izquierda laica. “El panarabismo de los años cincuenta era un movimiento laico. Hoy prácticamente han desaparecido los laicos del mundo árabe, en buena parte porque EE UU se alió con los islamistas para acabar con los demócratas, en los que veía un nido de comunistas. Los agentes de la CIA de ayer son los terroristas de hoy. Ahora sucede lo contrario. Para la izquierda europea, los laicos árabes antiislamistas son agentes americanos”.

 

“Hablo demasiado, ¿no?”. Con un ojo en el reloj del aeropuerto, pregunta por El laberinto del fauno y cuenta que coincidió en un estreno con Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu: “Con Del Toro congenié al momento. A los otros dos no les bastaba con ser directores de cine, además querían ser intelectuales. Me pasó lo mismo con los Wachowski”, concluye refiriéndose a los directores de Matrix, una película a la que dedicó Las dos caras de la perversión, su segundo ensayo más famoso. El primero es El arte del ridículo sublime, consagrado a David Lynch: “No me interesa la gente que está fuera del sistema, sino los marginales que todavía trabajan dentro. El gran ejemplo era Robert Altman”. A Lynch no lo conoce personalmente: “Estuve a punto. Había leído mi libro y no había entendido nada, pero le intrigó. Quería conocerme. Incluso alguien quiso que hiciéramos una película con una conversación entre nosotros. No creo que hubiera funcionado. Sus entrevistas están llenas de clichés y yo no creo en el diálogo. Al final no quise conocerlo para que me decepcionara. Es un genio. Eso sí, está loco”.

J. Rodríguez Marcos (El Pais) / | 23-03-2007 | Cultura

Peter Sloterdijk: «El mundo necesita otra revolución»

febrero 7, 2007

Sloterdijk y Canetti; El detonante iconográfico y operístico de la política de masas – Adolfo Vasquez Rocca

Peter Sloterdijk, El Pensador en Escena; ‘Das Philosophische Quartett’ – Adolfo Vasquez Rocca

Peter Sloterdijk y Nietzsche; De las antropotecnias al discurso del posthumanismo y el advenimiento del super-hombre – Adolfo Vasquez Rocca

Peter Sloterdijk, El Pensador en Escena; ‘Das Philosophische Quartett’ – Adolfo Vasquez Rocca

Peter Sloterdijk y Nietzsche; De las antropotecnias al discurso del posthumanismo y el advenimiento del super-hombre – Adolfo Vasquez Rocca

Peter Sloterdijk, El Pensador en Escena; ‘Das Philosophische Quartett’ – Adolfo Vasquez Rocca

Peter Sloterdijk y Nietzsche; De las antropotecnias al discurso del posthumanismo y el advenimiento del super-hombre – Adolfo Vasquez Rocca

Peter Sloterdijk y Nietzsche; De las antropotecnias al discurso del posthumanismo y el advenimiento del super-hombre – Adolfo Vasquez Rocca

Peter Sloterdijk y Nietzsche; De las antropotecnias al discurso del posthumanismo y el advenimiento del super-hombre – Adolfo Vasquez Rocca

 

Peter Sloterdijk © Psikeba 2007

Peter Sloterdijk © Psikeba 2007

Peter Sloterdijk © Psikeba 2007

Peter Sloterdijk © Psikeba 2007

Jean Baudrillard © Psikeba 2007

Peter Sloterdijk © Psikeba 2007

Peter Sloterdijk © Psikeba 2007

Peter Sloterdijk © Psikeba 2007

Peter Sloterdijk © Psikeba 2007

Peter Sloterdijk © Psikeba 2007

PAULA IZQUIERDO

 

Peter Sloterdijk nació en Alemania en 1947. Estudió filosofía, germanística e historia en las universidades de Múnich y Hamburgo. Sus primeros trabajos académicos denotan su propensión por el estructuralismo y la hermenéutica poética. Se doctoró con una tesis sobre Literatura y organización de las experiencias vitales. En la actualidad es catedrático de filosofía en la Hochschule für Gestaltung de Karlsruhe. La publicación de ‘Crítica de la razón cínica’ en 1983 (Taurus, 1989) le catapultó a la fama, ya que se convirtió en el libro de filosofía más leído y debatido en Alemania.

Del autor han sido traducidas al castellano, entre otras: ‘El árbol mágico: el nacimiento del psicoanálisis’ en 1975 (1986), ‘En el mismo barco: ensayo sobre la hiperpolítica’ (Siruela,1994), y ‘El extrañamiento del mundo’ (Pre-textos, 1998) que obtuvo el premio Ernst Robert Curtius (1993). Año en el que Siruela publica su trilogía ‘Esferas’. Fue acusado de usar una «retórica fascista» y plantear una nueva selección genética en Reglas para el parque humano. El instigador de la polémica fue un superviviente de la escuela de Franckfurt, el filósofo Habermas. En una carta abierta en ‘Die Zeit’, Sloterdijk se dirigió a él: «La era de los hijos de moral hiperdesarrollada de padres nacionalsocialistas toca a su fin. Una generación más libre avanza».

Sloterdijk es un enorme hombre de cerca de dos metros. A pesar de dedicar dos horas a correr todas las mañanas, conserva una saludable barriga. Tiene el pelo pajizo y largo y un hermoso bigote. El paso del tiempo ha resumido sus ojos azules y despejado su frente. Resulta un hombre simpático, dicharachero y sumamente cordial. Vive a una hora en tren de Frankfurt, en Karlsruhe. A juzgar por el aspecto de su despacho, en él se deben librar grandes batallas, aunque la más cruenta es la que tiene lugar en su productiva y ecléctica cabeza.

Europa

Sloterdijk considera que estamos viviendo una crisis ejemplar en Europa, relacionada con cuestiones fundamentales como es la situación actual en Austria. El desarrollo de la Unión Europea va a ser una continua tendencia a la tensión entre países grandes y pequeños, y la política del resentimiento irá en aumento. «En un periodo de un año o quizá dos la situación política de Austria se va a estabilizar. Sin embargo, no considero que haya que establecer una relación directa entre Haider y el fascismo. Además los países que acusan a Haider de fascista como Francia y Portugal también cuentan con movimientos fascistas; creo que en cierta medida están apelando a sus propias neurosis. El único problema que puede existir en Austria es que se persista en la política de aislamiento».

Sloterdijk considera que Europa es uno de los grandes temas del momento, de hecho acaba de escribir un libro, ‘Cuando Europa despierte’, en el que trata el viejo continente desde un punto de vista histórico pero también dramático.

«El desarrollo del sentimiento nacionalista en Europa tiene mucho que ver con los medios de comunicación. Sea a través de los medios impresos o la televisión, es todo una cuestión mediática». Este es el caso de Austria; Sloterdijk cree que han sido los medios de comunicación los que han inflado el problema, porque la política de Haider es más bien provinciana. «Haider se defiende de la globalización que tiende a eliminar las identidades culturales. Se confunde el fascismo con la política de Haider, que es sólo un movimiento austriaco. La forma en que Haider está siendo tratado por los medios es más peligroso aún que el aislamiento que propone. De lo que se trata es de saber cuándo funciona la teoría de McLuhan y cuándo no funciona. Existe una relación directa entre el nacionalismo y la prensa. Se ha hablado también de que esa prensa puede ser postnacionalista, pero ese postnacionalismo, ese eliminar fronteras, también lleva a que las comunidades defiendan su identidad, su forma de entender la vida. Un ejemplo concreto y bastante evidente es ‘La Gramática’ de Nebrija, es un momento en que la idea del estado nación empieza a tener importancia. Es importante que exista una lengua propia y una manera de establecer cómo se define un país a través de su cultura. Es un proceso donde una lengua universal como era el latín en aquel momento se transforma y pasa a constituir la lengua propia de cada país y de este modo su cultura».

Sin embargo, aun entendiendo que es necesario que pervivan las identidades, también es cierto que son los nacionalismos a ultranza los que derivan en confrontaciones sociales e incluso en guerras. Europa tiende a convertirse en un gran puzzle hecho de pequeñísimas piezas.

«Es un hecho que existen pequeños grupos regionales en la Europa de hoy en día. En Europa se está dando una vez más lo que llamo un nuevo irredentismo». Sloterdijk se refiere a la corriente italiana de la edad media donde hace su entrada en Europa una nueva entidad, la del Estado como creación consciente y calculada, y donde la gente se define por su etnia y su cultura. «Esto es un hecho y no se puede negar. Existe y basta. En cuanto al término nacionalismo, hoy en día se produce un error de concepto: no se puede comparar el nacionalismo del siglo XIX con el nacionalismo del año 2000. Por ejemplo, el problema vasco no tiene nada que ver con el nacionalismo sino que es un problema de una provincialidad tribal. Incluso el conflicto checheno también, en el fondo se trata de lo mismo, aunque en la forma se quiera asimilar al nacionalismo».

Sloterdijk compara los conflictos que se producen en Europa con los que ocurren en Africa, salvando las distancias. «Hasta hace poco en Europa existían los estados monárquicos que no son más que una representación del hipertribalismo o metatribalismo así podían defender a las comunidades y los que se rebelaban eran los que no estaban representados por la monarquía».

Considera que las ideologías del siglo XIX y del XX se han agotado y las divide en el marxismo, cuya representación es la metástasis del comunismo, y en el mito del liberalismo. «Sin embargo, mientras los hombres no pierdan las ilusiones habrá otras ideologías que sustituyan a las viejas. La ideología capitalista no ha convencido a toda la población europea. Creo que ha surgido una nueva religión que denomino como neofatalista y que se remite a la época del Imperio Romano. En aquel momento, los gladiadores se encomendaban a la diosa fortuna, que es precisamente la diosa de los desheredados».

Sloterdijk considera que los últimos 400 años ha sido una época caracterizada por el renacimiento sublime del arte. «Por desgracia, hoy en día estamos asistiendo a un renacimiento vulgar basado en esta religión neofatalista. Las catedrales de este neofatalismo son los estadios de fútbol y los programas baratos que emite la televisión». Le pregunto por el papel que desempeñan los centros comerciales. Sloterdijk se ríe a carcajadas. «Existe una diferencia muy importante entre los lugares públicos que se construyen en el siglo XVIII y XIX que tienen forma de anfiteatros, como la ópera, el teatro, o incluso, las aulas universitarias, y los que se construyen hoy, que tienen forma de foro romano, porque es una vuelta al circo romano. En cuanto a los centros comerciales es cierto que se ajusta a esta idea de circo, sin embargo, su concepción es mucho más democrática porque en él sólo se dan perdedores, mientras que en los estadios se dan perdedores y ganadores».

A Sloterdijk le impresionó el intento de procesar a Pinochet porque, de acuerdo con este pensamiento pesimista que tiñe el siglo XX, no podía imaginar que se pudiera procesar a los grandes dictadores en este mundo. «Como gesto simbólico tiene mucho valor, pero hubiera preferido que lo hubiesen extraditado y que se hubiese comenzado un juicio, aunque probablemente se hubiese visto interrumpido por cuestiones de salud». El, como alemán, puede hablar del caso Hoeneker, el presidente de la antigua RDA, al que por cuestiones de salud sacaron de la cárcel. «Este es un asunto muy delicado yconflictivo porque es muy difícil decidir quién juzga a quién».

Alemania

Sloterdijk piensa que la unificación alemana no ha tenido lugar, sino que más bien ha habido una especie de anexión. «Lo que no se puede hacer con los antiguos habitantes de la RDA es darles limosnas. Lo que deberíamos hacer es motivarlos en su camino hacia la autonomía económica». Considera que es absurdo regalar el dinero porque no se consigue nada, salvo un profundo resentimiento. «La unificación alemana no ha sido un acontecimiento ejemplar. Cuando se vuelve de la guerra con un brazo amputado se recibe una pensión, pero no se puede dar una pensión al que viene del comunismo, a las víctimas del comunismo. El problema de muchos alemanes es que han adoptado el papel de pensionistas de la historia y, además, con un sentimiento de rencor muy negativo. De ahí que sea muy escéptico respecto a la reunificación. Yo no entiendo la nación como algo necesario sino como algo casual, en el sentido filosófico del término. En realidad, Alemania del Este ha sido anexionada a la Alemania del Oeste y la relación que se ha establecido es la de un gran superproteccionismo, sin dar opción a la gente a que decida sobre el propio camino a seguir».

Está de acuerdo con que Berlín se ha convertido no sólo en la capital económica de Europa sino también en la capital cultural. «Sé que es así, pero yo considero que es un síntoma superficial. Berlín es una ciudad que casi no tiene cultura. Realmente la época interesante desde el punto de vista cultural fue cuando todavía existía el muro, porque se vivía en un estado de excepción. Berlín fue una ciudad donde se dio el existencialismo de forma continuada desde los años 50 hasta los años 80. Se respiraba una atmósfera especial. En cualquier caso, la época de las grandes ciudades y las grandes capitales ha acabado. Los medios de comunicación tienen un gran poder descentralizador: todo se da en todos sitios».

El sentimiento de los alemanes respecto a la Unión Europea es más bien de escepticismo por parte de los que él llama amateurs, es decir, de aquéllos que no están involucrados directamente en la política. «Hay otros, los políticos y funcionarios, que son muy proeuropeos». Sloterdijk cree que sus compatriotas siguen viviendo en la culpa, que no se han liberado de los condicionamientos morales del nacionalsocialismo. «Evidentemente se da la circunstancia de que ésta es la tercera generación después de la guerra y la primera que no ha vivido la guerra». Recuerda que cuando era pequeño en Múnich, en los años 64 y 65, y jugaba en la calle, la casa de al lado era una ruina, la presencia de la guerra era un hecho palpable. Las casas bombardeadas y los edificios destruidos eran parte de paisaje cotidiano en el que creció. «El recuerdo del holocausto y de la Segunda Guerra Mundial va a dejar de ser algo neurológico, un shock continuo, y se convertirá, cuando hayan desaparecido todos los testigos de la guerra, en un símbolo de lo que no se debe repetir».

Milenio

Sloterdijk hace una comparación entre las tres edades del hombre y la navegación: primero se utilizaron balsas, después grandes barcos y en el tercer estadio, que denomina de la hiperpolítica, parece que navegamos en grandes plataformas flotantes. «La Tercera Edad de la humanidad la comparo con la navegación en tanques gigantes que dada sus exageradas dimensiones casi no pueden maniobrar. Así, no navegamos hacia el futuro (a no ser que seamos turistas ricos con un yate en el Mediterráneo), estamos sentados en la cubierta de un barco enorme y esperamos que éste no choque con ningún iceberg».

Lo que opina sobre la familia, el amor y el sexo está escrito en el libro ‘Selbstversuch (Conversaciones con el joven filósofo español Carlos Oliveira)’ Hanser, 1996. En francés: ‘Essai d intoxication volontaire’, Calmann Lévy 1998. «Hablo en él sobre todo del modo del amor individualista: la érotica del mercado libre. Defino al compañero moderno como un trocito elemental a la búsqueda de otro trocito con el que sea posible establecer una unión».

«Respecto al sexo hasta Wilhelm Reich se creía que el orgasmo estaba por naturaleza a la izquierda. Hoy no estamos tan seguros, también podría estar a la derecha». En cuanto a la polémica desatada por su discurso cree que la manipulación genética se ha dado siempre de manera indirecta a través de matrimonios reglados o aislaciones culturales. «La futura genética será interesante sobre todo como un nuevo estilo de medicina. En las actuales condiciones estas técnicas nuevas no significan una ganancia para colectivos o unidades políticas». Cree que estas técnicas llevan también a una globalización de los genes a largo plazo y con ello a una situación pos-racista global. «En 500 años se mostrarán los tipos antiguos y las razas en las películas históricas como hoy se representan a los hombres medievales en estos filmes». De ahí la alusión al último hombre solitario y sin retorno que aparece en su ensayo En el mismo barco. «El último hombre en el prólogo de Zarathustra es el hombre sin descendencia, en este sentido el hombre de un único camino. No quiere ser intermediario entre los antepasados y los descendientes, sino él mismo última estación de la evolución. Como un monje pero sin creencias».

Sloterdijk cree que la historia del hombre es una aventura de mecenazgo. «Todo ser viviente superior necesita un mecenas. La primera mecenas es la madre, vivimos en su cuerpo nueve meses como en un oscuro hotel de cinco estrellas. Después aparecen otros mecenas en el escenario, padres, profesores, modelos, los clásicos. ¿Sabía que los poetas son los patrocinadores de sus naciones? Son los mecenas de sus idiomas, enriquecen a todos los que los leen».

Le pregunto cómo imagina que será la forma del mundo y si volveremos a vivir en pequeñas hordas: Boccacio, El Decameron, en medio del desastre de lo grande sólo se puede sobrevivir en pequeñas comunidades. «Continuaremos viviendo como hasta ahora, en una tendencia individualista, visitados una y otra vez por la nostalgia del grupo, siempre sobrepasados por la exigencia de tener que interesarnos por el destino de individuos lejanos, no sólo en la misma ciudad o nación, sino cada vez más de todo el planeta. La atención será mas preciada que el dinero puesto que todos querrán obtener tu atención».

Hablando del progreso cree que los europeos críticos están convencidos desde hace 200 años de que la revolución burguesa no basta. «El mundo necesita otra revolución u otro cambio para corregir su curso autodestructivo. Sin embargo nadie sabe cómo ha de realizarse este cambio. Todos los intentos revolucionarios añadidos han fracasado horriblemente».

Filosofía

Hace poco le declararon sospechoso de flirtear con una retórica fascista. «Se ha dicho esto porque se ha leído mal mi discurso ‘Reglas para el parque humano’. El cabecilla de los malos lectores fue Jürgen Habermas, cuyo pasado en una familia 100% nacionalsocialista siempre reprime, nunca ha trabajado realmente. Se pone vulgar cuando quiere decir algo negativo de algún filósofo que no comparte sus opiniones». En cuanto a las diferencias entre su forma de entender la filosofía y la de sus colegas. «La cuestión puede definirse con un concepto: Habermas representa un tipo de filósofo que sólo puede darse en la isolación de la Universidad alemana; escribe fundamentalmente para los colegas. Yo me veo al contrario como un escritor filósofo que escribe para un público».

Sloterdijk considera que filosofar es una forma de ‘autohipnosis’: se rechazan todas las opiniones con el pretexto de tener que pensarlas uno mismo. «En este sentido tiene el carácter de un poderoso mecanismo de protección. El filósofo tiene que tener (a diferencia del artista, que necesita una infancia infeliz) una infancia feliz y no resignarse nunca a que ésta se ha perdido; tiene que estar convencido de que antes de él no se ha pensado realmente nunca y que todos los sistemas anteriores surgen de charlatanes; tiene que sentirse a gusto enel infierno». Cree que la filosofía sigue teniendo cabida hoy.

En cuanto a los cinco mejores libros del siglo XX, Sloterdijk contesta que probablemente no haya leído los mejores libros del siglo XX, pero cinco buenos son: Heidegger, ‘El ser y el tiempo’; Thomas Mann, ‘José y sus hermanos’; Musil, ‘El hombre sin atributos’; Gottfried Benn, ‘Cartas a Oelze’; Friedrich Nietzsche, ‘Obras póstumas’. «En estos momentos estoy leyendo el libro de Boris Groys, ‘Bajo sospecha’, una fenomenología de los medios. Múnich 2000. Es sensacional».

Vida

Le pregunto por lo que más le gusta hacer en la vida: «Como Marcel Duchamp soy un respirador apasionado». Aunque no suele hacer planes, sus libros sin escribir ya lo han planeado como autor. Este otoño la editorial Suhrkamp publica dos nuevos libros suyos. El primero se llama, ‘Profetizo otro pasado a la filosofía’, la primera compilación de sus ideas en seis detalladas conversaciones con el escritor-etnólogo Hans-Jürgen Heinrichs. El segundo se llama, ‘No salvado. Ensayo sobre Heidegger’, una recopilación de sus notas sobre Heidegger y la situación de la filosofía contemporánea.

Por último, Peter Sloterdijk decide que si fuera un animal le gustaría ser un elefante, problablemente mejor uno indio que uno africano. «Tiene unas patas muy feas pero un paso suave. La nariz está más allá del bien y del mal y su memoria es fuera de lo común. Lo mejor de los elefantes es que son queridos a pesar de ser grandes».

 

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Peter Sloterdijk