“Es tiempo de precariedad”. Entrevista a Zygmunt Bauman

mayo 31, 2008
Acuñador de una feliz metáfora sobre la contemporaneidad, la “modernidad líquida”, Zygmunt Bauman aparece hoy como uno de los más lúcidos pensadores de un presente convulso. Una entrevista y el análisis de su obra nos acercan al pensamiento de este sociólogo de origen polaco, un defensor de la esperanza frente al optimismo.
Entrevista a Zygmunt Bauman
Daniel Gamper
Zygmunt Bauman (1925) nació en Polonia en una humilde familia judía con la que emigró a la Unión Soviética tras la ocupación nazi. Tras su paso por el ejército polaco en el frente ruso, fue profesor en la Universidad de Varsovia hasta que con motivo de una campaña antisemita emigró al Reino Unido en donde aún vive. Bauman no es un divulgador de la sociología, pero sus contribuciones a esta disciplina están caracterizadas por un afán ensayístico que no está reñido con el rigor. Autor de “Modernidad y holocausto”, su obra fue estudiada sobre todo en círculos académicos, y no ha sido hasta la década de los noventa que ha pasado a ser conocido y reconocido por un público más amplio a propósito de libros como “Modernidad líquida”, “Globalización”, “Trabajo, consumismo y nuevos pobres”.Bauman no ofrece teorías o sistemas definitivos, se conforma con describir nuestras contradicciones, las tensiones no sólo sociales sino también existenciales que se generan cuando los humanos nos relacionamos, es decir, la vida misma.





Usted afirma que nuestra época es la de lo líquido, que vivimos en la modernidad líquida. ¿Por qué?Durante mucho tiempo intenté captar los rasgos característicos de esta época y ahí surgió el concepto de lo líquido. Es un concepto positivo, no negativo. Como dice la enciclopedia, lo fluido es una sustancia que no puede mantener su forma a lo largo del tiempo. Y ese es el rasgo de la modernidad entendida como la modernización obsesiva y compulsiva. Una modernidad sin modernización es como un río que no fluye. Lo que llamo la modernidad sólida, ya desaparecida, mantenía la ilusión de que este cambio modernizador acarrearía una solución permanente, estable y definitiva de los problemas, la ausencia de cambios. Hay que entender el cambio como el paso de un estado imperfecto a uno perfecto, y el estado perfecto se define desde el Renacimiento como la situación en que cualquier cambio sólo puede ser para peor. Así, la modernización en la modernidad sólida transcurría con la finalidad de lograr un estadio en el que fuera prescindible cualquier modernización ulterior. Pero en la modernidad líquida seguimos modernizando, aunque todo lo hacemos hasta nuevo aviso. Ya no existe la idea de una sociedad perfecta en la que no sea necesario mantener una atención y reforma constantes. Nos limitamos a resolver un problema acuciante del momento, pero no creemos que con ello desaparezcan los futuros problemas. Cualquier gestión de una crisis crea nuevos momentos críticos, y así en un proceso sin fin. En pocas palabras: la modernidad sólida fundía los sólidos para moldearlos de nuevo y así crear sólidos mejores, mientras que ahora fundimos sin solidificar después.

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Slavoj Zizek, Athens 2007

octubre 12, 2007

Slavoj Zizek, Ecology without Nature, Athens 2007 (1/6)

Slavoj Zizek, The Liberal Utopia, Athens 2007 (1/8)



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Ernesto Che Guevara. Homenaje

octubre 8, 2007

Ernesto Che Guevara, muerto hace 40 años en Bolivia, fue recordado hoy en la Ciudad de México con una ofrenda floral colocada en el busto a su memoria.

Ernesto Che Guevara

 

La ceremonia fue encabezada por autoridades del gobierno de la Ciudad de México, en manos del Partido de la Revolución Democrática (PRD, de izquierda y opositor a nivel federal) y de la embajada de Cuba.

La Secretaría de Cultura del gobierno capitalino recordó al Che con la exposición “Imágenes de Ernesto Che Guevara, Fotografías y Poesía”, en el Centro Cultural José Martí.

La exposición, que permanecerá abierta hasta el 28 de octubre, presenta imágenes de los fotógrafos Alberto Korda, Raúl Corrales, Rodrigo Moya, Liborio Noval, Perfecto Romero, José A. Figueroa y Osvaldo y Roberto Salas.

JMG

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Sebreli, el tiempo de una vida

octubre 7, 2007

“Nací en el barrio sur de la ciudad de Buenos Aires el 3 de noviembre de 1930, en una familia de clase media baja de origen proletario”, así comienza su biografía Sebreli, su último libro publicado “El tiempo de una vida” (2005).
Juan José Sebreli, sociólogo, marcó un destacado espacio en la polémica intelectual de la década del sesenta, cuando publicó en 1964 “Buenos Aires, vida cotidiana y alienación”. Ensayista de temas históricos y crítica literaria, ha desarrollado también su pensamiento sobre la denominada modernidad ( “El asedio a la modernidad”, 1991).

sebreli

 

Durante la dictadura militar dirigió grupos de estudio que se dieron en llamar la “universidad de las sombras”.
Intervino en Sur y Contorno, las dos revistas culturales más importantes de su tiempo y formó parte del primer grupo existencialista de Buenos Aires.
Además de las nombradas, entre sus obras destacan Martínez Estrada, una rebelión inútil (1960), Mar de Plata, el ocio represivo (1970), Los deseos imaginarios del peronismo (1983), La saga de los Anchorena (1985), Las señales de la memoria (1987), El vacilar de las cosas (1994), Escritos sobre escritos, ciudades bajo ciudades (1997), La era del fútbol (1998) y Critica de las Ideas Políticas Argentinas.


Dialogamos con Sebreli en Córdoba. Puntualmente espera en el lobby del hotel al periodista y a pesar de sus años, se lo nota entusiasta por mirar la Ciudad como un visitante cualquiera, ansioso por pasear por las calles cercanas al Montserrat antes de regresar a Capital Federal.


La charla comienza sobre su último libro, que es su biografía.

– Usted habla de la importancia de las biografías, aún en vidas no espectaculares.

 


– Claro, es un testimonio histórico que queda para generaciones posteriores, que no puede encontrarse ni en la sociología, ni en la historia y frecuentemente, ni siquiera en la literatura. Todos esos acontecimientos efímeros, pasajeros, de la vida cotidiana, que en general se consideran sin importancia, adquieren con el tiempo un verdadero significado histórico, porque muestran cómo vivían las masas anónimas, los personajes que no jugaron un papel relevante en determinada época. Esa es la importancia de las autobiografías, las memorias. Es el rescate del tiempo perdido.

Sebreli nos recuerda en su libro que el género de las memorias y autobiografías ha sido cultivado por las clases altas que recuerdan una infancia dorada de mansiones y jardines. “Son escasas, dice, las autobiografías de familias de inmigrantes de clases populares, como si éstas se hubieran resignado al papel de masas anónimas y aceptado el protagonismo de las clases altas.”

 

– Supongo que su excelente memoria le ha favorecido para escribir su biografía.

 


– Sí, tengo bastante memoria para los detalles, memoria visual, sobre todo me gusta reconstruir ambientes, climas, atmósferas de mi ciudad, de determinados barrios, de las casas que han cambiado enormemente desde que yo era chico hasta ahora. Todo ha cambiado tanto, que parece la arqueología de un mundo perdido, de un mundo completamente olvidado. Eso es el interés que puede tener para la gente de mis generaciones, es un espejo que les recuerda sus propias vidas. A las nuevas generaciones se les muestra un mundo completamente desconocido.


En “Crítica de las ideas políticas argentinas”, Sebreli habla de un país promisorio que llega hasta los treinta y a partir de entonces, la decadencia. En ese libro enfrenta temas como el liberalismo conservador, el nacionalismo, el radicalismo, el militarismo, la izquierda.


En la actualidad, en numerosas oportunidades habla del grave problema existente en Argentina con el monopolio del partido único, según lo define.

 

– Cuando le preguntan sobre el país, usted responde que el país está a la deriva.

 


– El país tuvo un modelo económico exitoso por un cúmulo de circunstancias muy precisas desde 1890 hasta aproximadamente la Segunda Guerra Mundial, que fue el modelo agro-exportador. Las condiciones que hicieron el éxito de ese modelo desaparecieron del mundo y desde entonces, la Argentina no ha sabido encontrar un modelo sustitutivo, ha ido a los tumbos, con borradores, con ensayos, pero todavía hoy no ha encontrado un modelo económico que debería agro-industrial, con capacidad exportadora. Es decir, no tenemos qué vender; le doy un ejemplo, vivimos dependientes de la soja, pero eso es algo muy pasajero, depende del precio en un mercado que sabemos muy fluctuante. Un modelo moderno, adecuado a la sociedad actual, no lo hemos logrado aún.

 

-Y un modelo político, tampoco.


– Tampoco, por supuesto, el fracaso político también viene de largo plazo. Desde el comienzo, desde el primer sufragio universal que hubo en 1916, ya fracasa, porque uno de los partidos, que era el Partido Conservador, no logra constituirse como partido nacional, que sería el partido que representaba a la clase económicamente dominante; por lo tanto, esa clase se ve representada en los golpes militares, tal como ocurrió 15 años después del primer sufragio, y desde entonces durante cuarenta años el ciclo militar fue lo predominante.


Por otra parte, el único partido que quedó que era el Irigoyenismo, un partido que se definía a sí mismo como movimiento y no como partido, como expresión del pueblo y de la Nación en su totalidad; por lo tanto, no admitía al adversario, a la oposición. Esto será exacerbado enormemente con el Peronismo. Por lo tanto, la sociedad argentina hasta el año 83 -cuando nuevamente se intenta un sistema de partidos- ha sido representada por corporaciones que se mantienen actualmente en el poder.


Sebreli ha escrito en extenso sobre la modernidad. Hace una crítica al “relativismo en el tiempo” o “historicismo” que parte de la idea que no existe nada más allá de la historia humana. Por ende, no hay verdades absolutas. Todos los valores son relativos a su tiempo y a sus circunstancias; sin embargo, está demostrado que existen ciertas leyes en el devenir de la humanidad, sostiene que es cierto que el pasado fue y no se puede cambiar, pero el futuro es contingente y agrega que “la historia es una combinación de causalidad, azar y libertad humana, es la obra de hombres y mujeres”. Precisamente, el sentido de la historia reside en no tenerlo desde el principio. Sólo así el conocimiento, la acción, el trabajo y las luchas de la humanidad adquieren un significado.


– ¿Está trabajando sobre un próximo libro?


– Estoy trabajando sobre un libro que será como la tercera parte, yo tengo dos libros que se refieren al debate sobre la modernidad, el Asedio a la modernidad lo tomo desde una perspectiva histórica y social y Las aventuras de la Vanguardia, lo tomo desde el punto de vista del arte, y ahora lo voy a tomar desde el punto de vista de la filosofía. Tal vez el título sería La filosofía en el callejón.

FTE: sitiocooperativo.com

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“Google” por Jacques-Alain Miller

octubre 7, 2007

Jacques-Alain_Miller

 

Google es la araña en la Tela. Asegura una metafunción: la de saber donde está el saber. Dios no responde; Google, siempre, inmediatamente. Le dirigimos una señal sin sintaxis, con una parcimonia extrema; un clic, y …bingo! viene la catarata: el blanco ostentoso de la página se ennegrece súbitamente, el vacío se invierte en profusión, lo conciso en logorrea. Siempre que tiramos ganamos.

 

google - miller

Organizando la Enorme Cantidad, Google obedece a un tropismo totalitario, glotón y digestivo. De allí el proyecto de escanear a todos los libros; de allí los raids sobre todos los archivos: cine, televisión, prensa; más allá, el blanco lógico de la googleización, es el universo entero: Confíale tu desorden documentario y él pondrá cada cosa en su lugar – y a tí mismo además, que no será ya, y para la eternidad, más que la suma de tus clics. Google, “Big Brother?”Cómo no pensarlo? De allí la necesidad para él de plantear como axioma su bondad profunda. Es malo? Lo que es seguro, es que es necio. Si las respuestas abundan en la pantalla, es porque comprende de través. La señal inicial está hecha de palabras, y una palabra no tiene un solo sentido. Por lo tanto el sentido escapa a Google, que cifre, pero no descifra. Es la palabra en su materialidad estúpida lo que memoriza. Por lo tanto,siempre te toca a tí encontrar en el cúmulo de los resultados la aguja de aquello que produce sentido para tí.

 

miller

Google sería inteligente si pudiéramos coumputar las significaciones. Pero no podemos. Tal Sanson segado, como un ciego ,Google girará su rueda hasta el fin de los tiempos.

 

Jacques-Alain Miller

 

Traducción: Silvia Baudini

El bien, el mal y las ciencias de la vida

octubre 2, 2007

Se diría que este título sirve de pórtico para una reflexión o estudio –uno más y van incontables- de ética de la vida, bioética o similar. Nada más lejos de mi intención. Este ensayito es epistemológico (1).

La Ética, antaño clara y poderosa, es ahora controvertida y al minimizarse o debilitarse (2), se diluye en discusión casuística de perfil bajo o en una ordenada taxonomía de valores y disvalores –la axiología- al estilo de Max Scheler y ahora, aquí, Javier Echeverría.

La ética débil es una ciencia estéril, de salón de té o bar de facultad, subordinada en la praxis a la ley positiva, que a fuerza de esforzarse por distanciarse de la Moral, se ha quedado en un mero ejercicio de aparentes buenas maneras, muy hipócrita a veces y en otros casos, bastante rastrero, interesado y superficial.

La Epistemología, por el contrario, se ocupa del fondo y desdeña la forma. Le importa la veracidad –lo científico- y la Verdad –lo metafísico-, y se deja de zarandajas y de normas para el parque humano, Sloterdijk dixit (3).

Y del parque o zoo humano vamos a tratar, porque en eso quieren convertirnos, en sobjetos, como diría Vicente Verdú (4) pero desde una perspectiva diferente. Aquí de lo que se trata de averiguar es que tiene el hombre de bueno y que de perverso, donde se hallan esas raíces, cual es el sentido de la naturaleza humana y en realidad que hace que seamos como somos o como no somos.

El hombre como animal

El ser humano es animal más moderno. Su posición taxonómica en la escala zoológica no ofrece dudas. La resumimos en el cuadro siguiente;

REINO Animalia
GRADO Metazoa
PHYLUM Cordatha
SUBPHYLUM Vertebratha
SUPERCLASE Tetrápoda
CLASE Mamalia
SUBCLASE Theria
INFRACLASE Eutheria
ORDEN Primates
SUBORDEN Haplorhini
SUPERFAMILIA Hominoidea
FAMILIA Hominidae
GÉNERO Homo
ESPECIE Homo sapiens
SUBESPECIE Homo sapiens sapiens

La posición animal del Hombre la determina la Antropología biológica que define una instancia cualitativamente superior de la antropología física (O’Rourkey y Petersen, 1983) cuyo inicio data de la segunda mitad del siglo XX. No hay unicidad de criterios con respecto a su utilización.

Desde una concepción que prácticamente la asimila a la biología humana (Harrison et al, 1971) es incluida en la fundamentación del método experimental (Pucciarelli, 1974) y termina por ocupar una posición central en los estudios de variabilidad poblacional (Bennet, 1979). No obstante, se advierte una tendencia no fluctuate sino progresiva a un reemplazo terminológico y conceptual.

Dentro de la antropología biológica pueden ser delimitados cuatro grandes núcleos temáticos, que según esta perspectiva constituyen el objeto de la disciplina antropobiológica.

Los referenciales a emplear son (Teoría de las Ciencias Humanas):
1) Evolución.
2) Adaptación.
2) Filogenia
3) Ontogenia

La combinación resultante origina:

1a) Evolución Filogenética: abarca todo lo referente a la evolución homínida en su aspecto biológico y a los criterios necesarios para su compresión.
1b) Evolución Ontogénica: comprende el estudio del crecimiento y desarrollo individual (como parte de la intravariación) y sus diferencias poblacionales.
2a) Adaptación Filogenética: comprende al conjunto de procesos genético-adaptativos sobre poblaciones actuales y extinguidas.
2b) Adaptación Ontogenénica: esta forma de adaptación se diferencia de la anterior porque las modificaciones fenotípicas a estudiar no son transmisibles a la descendencia por no afectar la constitución genética individual. Puede hablarse de adaptación extragenética o fisiológica, porque comienza con el origen del individuo y no de la población.

Existe considerable interacción entre los núcleos delimitados, dando origen a superposiciones (bordes temáticos) que son especialmente críticos cuando es combinado un núcleo evolutivo con un núcleo adaptativo.

Bien queridos lectores, profundicen en estos conceptos expuestos, y verán como el hombre si es un animal, pero ¿por qué a su condición animal probada se le adjetiva tanto? Animal racional, animal simbólico, animal pensante, animal religioso, animal politico, animal óptico, animal cultural, animal constructor, animal social, animal económico…

Los adjetivos vienen de que la definición puramente animal del hombre es incompleta. Y sobre todo parcial. Y lo decimos en ambos sentidos: porque se queda corta y porque la sostienen tan sólo una parte de los pensadores actuales, parte importante hay que reconocerlo pero parte al fin y al cabo: los que defienden el reduccionismo materialista en biología (5).

¿Por donde piensan que irá esto?

Piensen que todo parte de la reflexión de Ken Wilber sobre la capacidad e incluso voluntad autodestructora de algunos hombres en relación con su propia especie. Y yo me pregunto ¿el viejo canibalismo ritual no habrá dado paso a un canibalismo más sutil, no antropofágico, cuyo fin es la muerte tácitamente de unos para que otros sobrevivan?

Notas al margen

(1) La epistemología es el estudio de la producción y validación del conocimiento científico. Se ocupa de problemas tales como las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a su obtención, y los criterios por los cuales se lo justifica o invalida.
Muchos autores franceses e ingleses, identifican el término “epistemología” con lo que en español se denomina gnoseología o “teoría del conocimiento”, rama de la filosofía que se ocupa del conocimiento en general: el ordinario, el filosófico, el científico etc. De hecho, la palabra inglesa “epistemology” se traduce al español como “gnoseología”. Pero aquí consideraremos que la epistemología se restringe al conocimiento científico.
Por otra parte, se suele identificar la epistemología con la filosofía de la ciencia, pero se puede considerar a la filosofía de la ciencia como más amplia que la epistemología. Algunas suposiciones que son discutidas en el marco de la filosofía de la ciencia no son cuestionadas por la epistemología, o bien se considera que no influyen en su objeto de estudio. Por ejemplo, la pregunta metafísica de si existe una realidad objetiva que pueda ser estudiada por la ciencia, o si se trata de una ilusión de los sentidos, es de interés en la filosofía de la ciencia, pero muchos epistemólogos asumen que sí existe, o bien consideran que su respuesta afirmativa o negativa es indiferente para la existencia de métodos de obtención de conocimiento o de criterios de validación de los mismos.
También se puede diferenciar la epistemología de una tercera disciplina, más restringida que ella: la metodología. El metodólogo no pone en tela de juicio el conocimiento ya aceptado como válido por la comunidad científica, y se concentra en la búsqueda de estrategias para ampliar el conocimiento. Por ejemplo, la importancia de la estadística está fuera de discusión para el metodólogo, pues constituye un camino para construir nuevas hipótesis a partir de datos y muestras. En cambio, el epistemólogo a la vez podría cuestionar el valor de esos datos y muestras, y de la misma estadística.

(2) La postmodernidad, lo que queramos o no hoy predomina, es una especie de ‘babel informativa’, donde la comunicación y los medios adquieren un carácter central. La postmodernidad marca la superación de la modernidad dirigida por las concepciones unívocas de los modelos cerrados, de las grandes verdades, de fundamentos consistentes, de la historia como huella unitaria del acontecer. La postmodernidad abre el camino, según algunos ilusos o perversos, a la tolerancia, a la diversidad. Es el paso del pensamiento fuerte, metafísico, de las cosmovisiones filosóficas bien perfiladas, de las creencias verdaderas, al pensamiento débil, a una modalidad de nihilismo débil, a un pasar despreocupado y, por consiguiente, alejado de la acritud existencial, es decir al mundo espumoso del vale todo mientras no te pillen y si lo hacen, dispón de dinero, el valor supremo de estos tiempos. Las ideas de la postmodernidad y del pensamiento débil están estrechamente relacionadas con el desarrollo del escenario multimedia, con la toma de posición mediática en el nuevo esquema de valores (más bien desvalores) y relaciones.

(3) Véase Sloterdijk, Peter, Normas para el parque humano, Ediciones Siruela, Madrid, 2000. Conferencia pronunciada en el Castillo de Elmau, Baviera, en julio de 1999 y publicada en Die Zeit ese mismo año. En él se advierte una melancólica declaración sobre el fracaso del humanismo como utopía de la domesticación humana mediante la lectura, ante las nuevas técnicas de agitación y desinhibición de las masas. El libro ha sido atacado por un supuesto flirteo con el vocabulario nazi y con las peligrosas fantasías de Nietzsche acerca del superhombre, así como con las ideas de Platón sobre el Estado como parque zoológico humano, donde una elite de sabios planifica la vida de los hombres como si de una empresa se tratara. Este ensayo se aborda de una manera peligrosa por imprecisa, la nueva realidad biotecnológica y propone a la filosofía la urgente tarea que de ella se deriva: repensar la esencia de lo humano más allá de los corsés impuestos por la cultura humanística. Es un monumento postmoderno a la animalización y reducción del hombre aunque contiene aspectos que pese a su cinismo, resultan interesantes.

(4) Véase Verdú, Vicente, Yo y tú, objetos de lujo. El personismo: la primera revolución cultural del siglo XIX, Debolsillo, Barcelona, 2007.

(5) Véase sobre todo a los inefables Richard Dawkins y Daniel Dennett

 

 

Javier Del Arco

 

Fte: Tendencias 21

(De)generación digital

octubre 2, 2007

(De)generación digital

por Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste, publicado en el Suplemento ABC de las Artes y las Letras.

 

degeneracion digital - psikeba

 

Se tiende a comprender el tiempo de la sociedad de la información como el de la frivolización de las ideas. La pátina de lo tecnológico y la aceleración de los procesos de comunicación han promovido la equiparación de la generación de pensamiento a la de la producción de información. Así, se vive en una especie de permanente estado de reality show, en el que lo más importante son las estrategias para situarse en primera línea, aunque se carezca de valía que justifique el protagonismo. El fenómeno es pandémico, y, en el campo de la arquitectura, comprobamos cómo se transmiten sin pudor ideas que se aceptan sin discutir, cómo falsos gurús lanzan espectacularmente sus consignas y cómo desorientados ejércitos mediáticos difunden y magnifican esos postulados irreflexivamente.

 

Apuntaba Peter Sloterdijk en su Crítica de la razón cínica (Siruela, 2003) que, para poder entender las estructuras de la conciencia de la modernidad, se hace precisa una teoría del bluff, del show de la seducción y el engaño. Aun careciendo de esa potencial teoría, esos tres términos designan con total precisión la esencia de una actitud prepotente que se arroga a sí misma el atributo de estar construyendo las visiones de la arquitectura de la era de la tecnología digital.

Estrepitoso fracaso. La primera generación de arquitectos que asumió como propias las posibilidades de los procesos de creación digital fracasó estrepitosamente ante la imposibilidad de haber hecho de los modelos diseñados a través de sus ordenadores edificios que sintetizaran coherentemente los argumentos de sus discursos sobre la tecnología digital. Al margen de sus teorías conceptuales, subordinaron sus posibilidades creativas al poder de las máquinas de cálculo, sin asumir como principio que eran ellos quienes deberían controlar el desarrollo de esos diseños. Propuestas como la Terminal Portuaria de Yokohama (FOA) o la Iglesia Presbiteriana de Nueva York (Greg Lynn) probaron que complejos gráficos y una recargada dialéctica sobre diagramas de flujos o procesos culminaban en un mero formalismo. Estas propuestas fueron fagocitadas por la falta de cultura arquitectónica de sus autores y su mayor preocupación por usar las herramientas de difusión que estaban implícitas en la nueva sociedad, sin percibir que dejaban de lado la necesidad de una formación sólida que les permitiera materializar sus propuestas. La transición de esa primera generación ?que en contadas ocasiones pudo evitar el fracaso en sus propuestas? se concreta hoy con la irrupción de una segunda generación integrada por individuos que crecieron más cercanos a la cultura de lo digital y la hiperinformación, que han hecho de sus herramientas fundamentos indispensables para el diseño, y cuyas primeras ideas arrancan de raíz la hipotética esperanza en que un mayor conocimiento de los medios digitales podría orientar sólidamente una evolución de la arquitectura a través de las herramientas digitales.

De la seducción al feísmo. Las imágenes seductoras que se produjeron en la segunda mitad de los años 90 han evolucionado hoy hacia una sobrecarga propositiva tendiente al feísmo: ejemplos como la esperpéntica Vila Nurbs (Cloud 9), esteticismo creado con el pretexto de una aplicación integral de la tecnología; o Kloverkarreen (BIG), paradigma de soluciones facilistas, parecen haber comprado el paradigma gaudiano en el supermercado a precio barato; productos de la arrogancia de arquitectos más preocupados por demostrar que por pensar, que han ignorado las lecciones con las que podría formularse una nueva arquitectura al rehuir el conocimiento de la Historia, persuadidos de que la naturaleza de la cultura digital y la velocidad de los cambios abre la veda para su incultura arquitectónica.

kloverkarreen

Modelos vanidosos. Arquitectos que creen estar en posesión de una especie de superpoder -y se sienten autorizados para afrontar cualquier desafío- a los que interesa más la cantidad que la calidad de su trabajo. Su paradoja radica en creerse referentes capaces de proponer una arquitectura para su tiempo, cuando lo que en realidad han hecho es convertir en prioridad el ejercer de frívolos seductores, calcando los vanidosos modelos de los actores del star-system, cínico e ideológicamente inútil tras haberse anquilosado en sus propias estrategias de mercadotecnia. Toman y quieren adaptar la realidad sin comprenderla, diseñando modelos complejos facilitados por el avance de la tecnología, pero que adolecen de cualquier sentido del compromiso. Arquitectura de adolescentes idealizándose a sí mismos, que no perciben la distinción esencial entre qué es la experimentación, qué es reflexión y qué es la realidad. Estas manifestaciones son recibidas en los foros arquitectónicos con vanos elogios fascinados, pero también -y más preocupantemente- con un absoluto silencio crítico que las cuestione y exija explicaciones claras sobre sus fundamentos. Los medios simplemente parecen auspiciar el mensaje de que es ésta la forma que orienta la evolución de la arquitectura de hoy. Si la modernidad llamaba al constreñimiento, la era digital ha auspiciado la exacerbación formal; pero no porque se crea que ella conduce a alguna parte, sino porque la tecnología hace fácilmente posible su representación. Feísmo basado en la recreación de formas orgánicas, experimentaciones tintadas de ecologismo de salón que quieren reinventar las posibilidades reactivas de la materia, pretendidos virtuosismos formales…

El sistema decidirá. La laxitud ideológica fomenta la permanencia de este cómodo estado de ambigüedad de legitimación del capricho: «El sistema decidirá cuáles de nuestras ideas podrán sobrevivir o no». Refugiarse en la «inocencia crítica» para argumentar el desinterés por lo precedente y permitirse quebrar la línea de enlace con concepciones verdaderamente radicales para el avance de la arquitectura. Visionarios opinando sobre los «futuros» de la arquitectura y sobre los remotos lugares donde «verdaderamente» se está produciendo la arquitectura del siglo XXI. Escritos confusos con parafernalia retórica: neologismos importados del lenguaje digital que apenas sabemos con precisión qué significan cuando se aplican a los efectos del mundo material.

El tiempo todo lo limpia, y muchos de estos personajes se barrerán a sí mismos. En unos años, nadie recordará a estos arquitectos -como tantas veces ha sucedido-, pero no se recuperará el tiempo perdido ni se acallarán las voces conservadoras que desvalorizan la trascendencia de la tecnología digital como herramienta de pensamiento y creación arquitectónica. Estas especulaciones, que únicamente tienen uso como medios de promoción mediática de un nombre, deberían haber sido concebidas como elementos de experimentación útiles para desarrollar la musculatura del pensamiento contemporáneo, para reconocer y perfilar la esencia del tiempo que aguarda aún la concreción de su arquitectura, y que se produce verdaderamente, pero situada en el distante margen de los cauces arquitectónicos nutridos por el bluff, la seducción y el engaño.

Fte.: http://www.arqa.com/informacion.cfm/n.7952.s.10,42.cfm

 

Contra la espectacularización de la cultura y por la crítica de arte

septiembre 27, 2007

Bajo el título “La critica de arte sometida a la dictadura de los productores culturales”, el crítico de arte, profesor y periodista mexicano Magno Fernandes dos Reis nos envía el texto de una conferencia (pinche aquí para leerlo íntegro), que pronunciara los próximos días en el I Encuentro Internacional de Postgrados en Estudios de Arte, a realizar en la Universidad Iberoamericana del 1 al 4 de octubre próximos, en la que se manifiesta claramente contra la espectacularización de la cultura. Para Magno Fernandes, “el productor cultural neoliberal y los artistas juntos someten al crítico de arte a los intereses del mercado para atrapar al público… Las secciones y suplementos culturales de los periódicos y revistas olvidan la creatividad, se distancian del público y se apagan, por lo que el artista se encuentra libre para negociar sus opiniones. Esta crítica sin pasión puede llevar el artista a creer que cualquier cosa es obra de arte, …

La crítica de arte tiene que ser defendida del mercado y el público tiene que ser protegido de la crítica, porque la voz del espectador debe ser escuchada… En el mundo global, los productores culturales ejercen influencia sobre el gusto individual del público. Sin embargo, ellos -los productores culturales- no se identifican con la cultura local y se ocultan en palabras como curaduría, crítica de arte, historia, museología. Por otra parte, los productores culturales, están aliados y son patrocinados por las grandes instituciones para la producción de cultura. En esas exposiciones-espectáculo, las vedettes son los lienzos consagrados por el Mercado Internacional del Arte”.

“Hay una relación perversa -continúa Magno- entre los productores culturales, los artistas y los críticos de arte, porque son los productores los que determinan la agenda de los centros culturales y los críticos destinados a escribir los textos propios para el catalogo. Es decir que los productores culturales hacen propuestas artísticas mediante las obras que han sido creadas por otras personas. … Una vez endiosados, los curadores y críticos consiguen todo a través de fundaciones, editoriales, instituciones oficiales y para/oficiales y, de este modo, se convierten en dictadores, pasando de ser críticos de arte a comisarios políticos. Esto ocurre en los medios de comunicación de las principales metrópolis (especializados o no) debido a que los editores de cultura mantienen una relación endogámica con el mundo del negocio del arte. Hay una relación incestuosa entre los Asesores de Comunicación de los Museos y Galerías, y el mundo de la producción (creación) de obras de arte. La publicidad tiene una penetración grande en la producción del conocimiento y de las artes visuales. Antiguamente, había una incompatibilidad ética entre anunciar y escribir un texto de presentación para un catalogo. Pero los centros culturales globalizan no solamente sus exposiciones sino el tedio provocado por las relaciones incestuosas entre coleccionistas e instituciones financieras patrocinadoras. Los medios de comunicación, por su parte, falsifican las exposiciones ya que no es la obra lo que los medios de comunicación nos ofrecen sino una interpretación del evento más que una critica de arte”.

“El crítico de arte -reclama el autor- debe retornar a la obra, porque es importante que la opinión del crítico pueda ser cotejada con la opinión de otro espectador. … La preocupación de los productores culturales es crear estrategias para atraer la mayor cantidad de público posible – y, las estadísticas son más importantes que el texto crítico, o sea, los números legitiman la obra de los artistas… La pérdida y la ausencia de la crítica en los medios de comunicación es un desastre para la cultura, … El arte se ha vuelto dependiente de los intereses comerciales y políticos, debido la política cultural de incentivos a creadores. Las secciones de cultura de los periódicos son medios divulgadores y no espacios para reflexión. ¿Dónde se ejerce el pensamiento crítico en la sociedad contemporánea? Con la ausencia de la crítica en los periódicos y revistas no hay interlocución entre arte y sociedad dificultándose la creación de un gran arte. Lo que observamos en las secciones de cultura de los periódicos y revistas es la repetición mecánica de ideas y principios, y el elogio no especializado, ignorante y miedoso”.

Y concluye: “Existe un imperio de las vacas sagradas representados por los artistas consagrados por el sistema y legitimados por la crítica de arte y el periodismo cultural. La preocupación central de los editores es atender la agenda de entretenimiento y de espectáculo de los productores culturales… Vivimos hoy la “marginalización” de la actividad crítica y la banalización de la noticia cultural … No es necesario que el crítico de arte venza al mercado, pero sí se necesita que no sea sumiso al mercado para mejorar la salud de la cultura y del arte. Tampoco debe subestimar el lector. En las artes visuales se ha formado una elite que compra arte, expone arte y consume arte además de dominar todo lo que se dice sobre las ediciones de arte ¿y qué son las bienales sino espectáculos que atraen a miles de personas con el objeto de legitimar el precio de las obras de arte en las subastas aun cuando la gran mayoría sale insatisfecha? … El gran problema que el periodismo cultural tendrá que enfrentar es su relación promiscua con los departamentos de Marketing de los Centros Culturales. Aquí, la corrupción es sutil e imperceptible ya que los productores culturales compran espacio en los medios de comunicación y ofrecen transporte y estancia para que los periodistas viajen y entrevisten a sus artistas”.

Fte: Arteinformado.com

 

Santiago Kovadloff (ensayista y filósofo)

septiembre 7, 2007

¿En qué anda…

 

En una entrevista con LA NACION, advirtió que nuestras instituciones necesitan afianzarse, “debemos generar un grado de interdependencia entre los adversarios políticos -dijo-, la Argentina está enferma de intolerancia, de autosuficiencia, de la presunción de que el fragmento reemplaza a la totalidad”. Y añadió que “progresar es revertir estos problemas con un alto grado de comprensión sobre el porque de nuestra inactualidad, de nuestra pérdida de protagonismo en el mundo”.

MEXICO: Anatomía de una tentación

septiembre 2, 2007

MEXICO: Anatomía de una tentación.

José María Pérez Gay.

¿Podemos hablar de una norteamericanización de la modernidad? En El Espacio Interior de la Globalización del Capital (Im Weltinnenraum des Kapitals. Suhrkamp Verlag, 2006), Peter Sloterdijk escribió: “En nuestros días ya nadie pone en duda que el capitalismo mundial –aunque tenga un carácter policéntrico– haya elegido ciertos lugares, países y poblaciones. Estados Unidos de Norteamérica se cuenta no sólo entre sus regiones favoritas, sino también ha llegado a ser su domicilio principal. Estados Unidos es el país del mundo moderno que ha constituido –más que ningún otro– un gran espacio de riqueza y prosperidad, representante incuestionable de los procesos de modernización. Aquí se ha construido el palacio de cristal de la nación que recibe a las grandes migraciones”. Así las cosas, podemos afirmar también que –siguiendo la misma argumentación– la mayoría de los habitantes de Estados Unidos tenía no hace mucho tiempo la convicción de sentirse no sólo los agentes de un sistema económico, sino también los portadores de un entusiasmo cuyo nombre irresistible se conoce como The American Dream. La mejor interpretación de ese sueño –que también se llama American Creed– la hizo en su tiempo el escritor Israel Zangwill (1864–1926), autor de la metáfora del Melting Pot, como ha señalado Arthur Schlesinger junior.

Quizá este sueño tuvo en su tiempo tantas definiciones como ciudadanos tenía por ese entonces Estados Unidos. A diferencia de las muchas Letargocracias en el resto del mundo, Estados Unidos era la nación donde cualquiera podía hacer algo nuevo, si quería hacer algo nuevo. De acuerdo con los derechos constitucionales de sus ciudadanos, está presente la expectativa de hallar nuevos espacios que permitieran su ocupación y transformación. Quizá ésta expectativa se llame el “derecho a Occidente” en un sentido no sólo geográfico, ya que Occidente es el símbolo del derecho de pernada sobre la tierra, de las conquistas en territorios desconocidos. Hace unos 150 años se llamaban Oklahoma o California y, en nuestros días, se llaman Irak o la investigación genética, la nanotecnología, la colonización de Marte o la vida artificial.

Los nativos americanos fueron, sin duda, las primeras víctimas, los primeros iraquíes de su historia. La propuesta de John Cadwell Calhoun se convirtió en un principio de la política nacional: el traslado de todos los indígenas al oeste de Mississippi, a los territorios convertidos en reservaciones permanentes. Los iroqueses, cheroquies, wampaanoags, delawares, tuscaroras, narragansetts, yamasíes, senecas, siouxs, hurones, apalaches, susquehannas, todas estas etnias desaparecieron en cruentas batallas, exterminados por la furia de los pioneros o vivieron acosadas por las enfermedades en los guetos llamados reservaciones federales. A partir de 1840, las tierras al oeste de Mississippi fueron arrasadas por traficantes, mineros, jefes militares, granjeros y ferroviarios, quienes lograron persuadir a las autoridades y se repartieron las tierras. Theodore Roosevelt (1858–1919) escribió: “la justicia se encontraba en el grupo de los pioneros, porque este gran continente no habría existido sólo como un gran coto de caza de escuálidos salvajes”. Personajes de la historia estadunidense tan eminentes como John Wintroph, John Adams, Lewis Cass, John Caldwell Calhoun y Thomas Hart Benton afirmaron que una raza primitiva y nómada debía permitir el paso a una civilización cristiana y agricultora. Sus justificaciones las encontraron en innumerables citas bíblicas que, según ellos, demostraban que el pueblo blanco tenía el derecho de pernada sobre la tierra, porque procedía “de acuerdo a las intenciones de Dios todo poderoso”.

De acuerdo con las investigaciones del antropólogo Henry F. Dobyns (Estimating Aboriginal Indian Population, An Appraisal of Techniques with a New Hemisphere Estimate, Current Anthropology, 7. New York, 1966), antes de que los europeos llegaran a Norteamérica los nativos americanos sumaban más de 90 millones de habitantes. La conclusión final a la que llega Dobyns es la siguiente: antes de la llegada de los colonos europeos, el nuevo mundo estaba poblado por unos 90 millones de seres humanos. Una cantidad igual o parecida a la del viejo mundo. Si los cálculos de Dobyns son razonables –y han sido cuidadosamente consideradas por expertos calificados–, hablamos de uno de los exterminios más impresionantes de la historia.

Cuando los nativos americanos empezaron a tener contacto con granjeros, cazadores, pescadores, exploradores y colonos europeos, sucumbieron a la oleada de virulentas epidemias de los siglos XVI y XVII. La viruela, el tifus, la peste bubónica, la gripe, el sarampión, la malaria, la fiebre amarilla diezmaron a millones de seres humanos a lo largo de dos siglos, como sucedió al parecer en menores proporciones durante la conquista de México.

Por ejemplo, la viruela era sin duda la peor, porque en ocasiones volvía con más fuerza la segunda y aun la tercera vez. Al brotar de nuevo la epidemia de viruela desaparecieron poblaciones enteras. No era fácil determinar las densidades de población de los indígenas norteamericanos, las controversias en torno a las poblaciones prehistóricas significaron un dolor de cabeza para los investigadores; pero Dobyns logró demostrar que la población de indígenas en Norteamérica –en los tiempos de la conquista– alcanzaba 9 millones 800 mil habitantes. ¿Qué le sucedió a estos nativos? Los profetas Delaware y Pontiac son los prototipos de jefes indios que se dieron cuenta con una clarividencia casi mágica de la destrucción de sus pueblos por el hombre blanco. Pontiac se convirtió en un gran líder, porque diagnosticó con dolorosa claridad el exterminio de su pueblo en la disputa por las ricas tierras del Medio Oeste.

La respuesta no se hizo esperar: las numerosas bandas de indígenas guerreros se lanzaron a la guerra, asolaron las tierras fronterizas y abrieron el camino de su propia destrucción; los colonos abandonaban distritos enteros pues muchos habían muerto bajo el golpe de las hachas tomahawk y las hogueras que arrasaban las casas y los campos. Ante los ataques indígenas, los valles de los Apalaches fueron abandonados en 1767. A principios de la década de 1900, la población indígena de Estados Unidos se había reducido a unos 250 mil habitantes. A principios de la década de 1970, según las estimaciones de los antropólogos, eran unos 700 mil habitantes. Los nativos americanos no sólo fueron víctimas de las epidemias sino también del fuego de los ejércitos y los colonos. Se trata sin duda de uno más de los muchos genocidios de la historia moderna.

Hacia 1845, John L. O. Sullivan, director del United States Magazine and Democratic Review, al resumir la opinión pública de la gran mayoría de los estadunidenses, escribió ante la anexión de Texas: “las naciones europeas han intentado contrarrestar nuestra política y obstaculizar nuestro poder, limitar nuestra grandeza e impedir el cumplimiento de nuestro destino manifiesto, que significa extendernos por todo el continente para conseguir el desarrollo de millones de personas que se multiplican todos los años”.

Resultado de las tendencias expansionistas y anexionistas ante los países fronterizos, la doctrina del destino manifiesto no fue sino la ideología dominante en los años de la presidencia de James Wood Polk (1845–1849), justificación de la disputa existente con Gran Bretaña por el territorio de Oregon y la anexión de los territorios mexicanos después de la guerra. La traslación tipológica de la idea-creencia de pueblo elegido desde su contexto bíblico al universo político y económico norteamericano, su antropocentrismo teológico, el peligro que significaba modificar el dogma tradicional: el hombre existe para la gloria de Dios por la herejía moderna de que Dios existe para la gloria del hombre.

La mayoría de los manifiestos políticos son una mezcla de tedio y nostalgia. Por un momento, tal vez despiertan verdadero entusiasmo, pero una vez desaparecida su causa inmediata la retórica suena estridente y ampulosa a los oídos de la posteridad. Las excepciones a la regla son escasas. El documento titulado The Unanimous Declaration of the Thirteenth United States of America conserva, como el primer capítulo del mismo manifiesto del partido comunista, gran parte de su fuerza original. Quizá leído hoy es el testimonio más preciso de cómo la idea del “pueblo elegido” –una suerte de superación protestante del carácter excepcional del judaísmo– se convierte en el proyecto del destino manifiesto; sin embargo, ser elegido no es sino la declinación anglo-norteamericana –sostiene Sloterdijk– de la invención europea de la subjetividad, que describe el suceso de la transformación –dentro de la vida común y corriente– en sujetos llamados a participar en una misión íntima, nacional e irrepetible; es también el password, la contraseña norteamericana para desencadenar la acción y participar en el escenario mundial.

(Fuente: La Jornada).